Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón, creemos en Él y nos encomendamos a Él. Nos refugiamos en Allah del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras. A quien Allah guía, nadie puede desviarlo, y a quien Él deja extraviarse, nadie podrá guiarlo.
Atestiguo que no hay divinidad digna de adoración salvo Allah, Único y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero. Que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, con su familia, sus compañeros y con quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio.
Hermanos y hermanas:
Todo tiene un final, y las vacaciones de verano también llegan a su término. Muchos vuelven ahora al trabajo, a los estudios, a sus responsabilidades profesionales y a su rutina habitual.
Sin embargo, las vacaciones pueden dejar también cierto cansancio, pereza o dificultad para recuperar el ritmo, especialmente cuando han sido largas o cuando hemos vivido durante ellas sin horarios ni organización.
La persona se acostumbra rápidamente al descanso, al tiempo libre y a una vida con menos obligaciones. Por eso, cuando llega el momento de volver a la disciplina, al horario y a las responsabilidades, puede sentir pesadez y falta de motivación.
Por esta razón, al despedir las vacaciones de verano, debemos renovar nuestras fuerzas y regresar a nuestras responsabilidades con más determinación, energía, honestidad y sentido de responsabilidad.
Las vacaciones no fueron creadas para que volvamos más débiles, sino para descansar, recuperar energías y regresar en mejores condiciones.
La verdadera pregunta, por tanto, es:
¿A qué trabajo debemos volver?
No hablamos solamente del empleo mediante el cual obtenemos nuestro salario.
Hablamos de la misión que Allah ha confiado al ser humano en esta vida: una misión que une dos dimensiones inseparables.
La primera es nuestra relación con Allah.
La segunda es transformar nuestra fe en obras útiles, sirviendo a las personas y haciendo el bien en la sociedad.
Allah dice:
«Él os creó de la tierra y os hizo responsables de prosperarla.»
Y dice:
«Decid: Obrad, pues Allah verá vuestras obras, así como Su Mensajero y los creyentes.»
La fe verdadera no puede permanecer encerrada solamente en el corazón. Debe producir obras.
Tampoco basta una actividad intensa sin una orientación moral y espiritual que dé sentido a nuestras acciones.
El creyente une ambas cosas: una fe que orienta su vida y un trabajo que demuestra la sinceridad de esa fe.
Hermanos y hermanas:
Una de las características de la fe auténtica es comprender que nuestra vida tiene un propósito.
No basta conocer las enseñanzas del Islam como simples datos. Debemos comprender su valor, sentirlas en nuestro corazón y permitir que influyan realmente en nuestras decisiones.
Cuando una persona comprende que esta vida es temporal y que la vida definitiva está junto a Allah, comienza a observar el mundo de otra manera.
Allah dice:
«La vida de este mundo no es sino un disfrute engañoso.»
Esto no significa abandonar el mundo ni nuestras responsabilidades.
Al contrario.
Significa trabajar, construir, estudiar, producir y progresar, pero sin convertir lo temporal en nuestro objetivo definitivo.
Trabajamos en esta vida sabiendo que nuestra verdadera responsabilidad está ante Allah.
Por eso pedimos:
«¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado y concédenos Tu misericordia. Tú eres Quien concede abundantemente.»
Otra característica de la fe verdadera es amar aquello que Allah ama.
Cuando la fe entra profundamente en el corazón, el creyente comienza a amar la verdad, la justicia, la honestidad, el conocimiento y las buenas obras.
Allah dice:
«Allah os hizo amar la fe y la embelleció en vuestros corazones, e hizo que detestarais la incredulidad, la perversidad y la desobediencia. Esos son los bien guiados.»
El amor sincero por el Islam debe reflejarse en nuestras acciones.
¿Cómo puede alguien decir que ama la honestidad y después engañar en su trabajo?
¿Cómo puede afirmar que valora la responsabilidad y después descuidar aquello que se le ha confiado?
¿Cómo podemos hablar de excelencia mientras hacemos nuestro trabajo de cualquier manera?
La fe auténtica impulsa a actuar.
Hermanos y hermanas:
Y aquí encontramos una enseñanza especialmente importante al volver de las vacaciones.
Cada persona tiene un lugar y una responsabilidad.
El estudiante tiene su responsabilidad.
El profesor tiene la suya.
El trabajador, el empresario, el comerciante, el funcionario, el padre y la madre tienen también sus propias responsabilidades.
No todos hacemos el mismo trabajo, pero todos podemos convertir nuestro trabajo en una buena obra si lo realizamos con una intención correcta, honestidad y excelencia.
El estudiante debe regresar a sus estudios con seriedad. Su objetivo no debe ser solamente aprobar un examen o conseguir un título, sino superar la ignorancia, desarrollar sus capacidades y prepararse para ser útil a sí mismo y a los demás.
El profesor y quien posee conocimiento tienen la responsabilidad de transmitirlo con sinceridad y dedicación.
Quien trabaja en una profesión, un oficio o una empresa debe realizar su tarea con honestidad y calidad.
Su salario debe corresponder a un trabajo realizado de manera responsable.
Y cuando trabaja con una intención correcta, obtiene mediante su esfuerzo un sustento lícito para sí mismo y para su familia, al mismo tiempo que presta un servicio útil a la sociedad.
El comerciante debe volver a su actividad con sinceridad, transparencia y confianza, evitando el engaño y respetando los derechos de sus clientes y de quienes trabajan con él.
Y lo mismo sucede en cualquier profesión.
Cada uno de nosotros ocupa un lugar desde el que puede contribuir al bien.
Hermanos y hermanas:
La excelencia en el trabajo forma parte de nuestra responsabilidad religiosa y moral.
No podemos separar nuestra fe de nuestra forma de trabajar.
La persona que reza, pero engaña en su empleo, tiene una contradicción que debe corregir.
La persona que habla de valores, pero no cumple sus compromisos, debe revisar su comportamiento.
Y quien ocupa una responsabilidad debe recordar que Allah conoce aquello que las personas ven y también aquello que no ven.
Por eso, volver al trabajo después de las vacaciones puede convertirse en una oportunidad.
Una oportunidad para corregir hábitos.
Para recuperar la disciplina.
Para organizar mejor nuestro tiempo.
Para cumplir nuestros compromisos.
Para abandonar la pereza y comenzar una nueva etapa con energía.
No debemos ver el final de las vacaciones únicamente como el regreso a una rutina pesada.
Podemos verlo como el comienzo de una etapa nueva en la que intentamos ser mejores que antes.
Más responsables.
Más organizados.
Más productivos.
Y, sobre todo, más conscientes de Allah en nuestras acciones.
Hermanos y hermanas:
Nuestro trabajo en esta vida tiene muchas formas, pero todos sus caminos deberían conducir a dos grandes objetivos:
adorar a Allah con excelencia y hacer el bien a Sus criaturas.
Por eso, quien haya descansado durante un tiempo debe volver a sus responsabilidades cuando termine ese descanso.
Pero debe volver con mayor fuerza, no con menor entusiasmo.
Con mayor claridad.
Con una intención renovada.
Con mayor responsabilidad.
Y con el propósito de convertir su trabajo diario en una parte de su adoración a Allah.
Cada uno debe preguntarse al comenzar esta nueva etapa:
¿Qué puedo mejorar este año?
¿Qué hábito negativo debo abandonar?
¿Cómo puedo ser más útil en mi trabajo?
¿Cómo puedo cumplir mejor aquello que Allah me ha confiado?
No importa si eres estudiante, profesor, trabajador, profesional, comerciante o responsable de otras personas.
Allí donde Allah te haya colocado, cumple tu responsabilidad con sinceridad y excelencia.
Que Allah nos haga personas que hablan con sinceridad, que trabajan con responsabilidad y que cumplen sus deberes con honestidad.
Que nos conceda fuerza después del descanso, determinación después de la pausa y bendición en nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestro trabajo.
