Los diez grandes preceptos de la sura Al-An‘am

  • Última modificación de la entrada:octubre 2, 2026

Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con el señor de los Mensajeros, nuestro Profeta Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

Hermanos y hermanas:

Allah, Altísimo sea, dice en la sura Al-An‘am:

«Di: Venid, os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: no asociéis nada con Él; tratad con bondad a vuestros padres; no matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza, pues Nosotros os proveemos a vosotros y a ellos; no os acerquéis a las indecencias, ni públicas ni ocultas; y no quitéis la vida que Allah ha hecho sagrada, salvo con legítimo derecho. Esto es lo que os ha ordenado para que razonéis.

No os acerquéis a los bienes del huérfano, salvo de la mejor manera, hasta que alcance la madurez. Dad la medida y el peso con justicia. No exigimos a nadie más de lo que puede hacer. Cuando habléis, sed justos, aunque se trate de un pariente cercano. Y cumplid vuestro compromiso con Allah. Esto es lo que os ha ordenado para que reflexionéis.

Y este es Mi camino recto. Seguidlo y no sigáis otros caminos, pues os apartarían de Su camino. Esto es lo que os ha ordenado para que alcancéis la consciencia de Allah.»
(Corán, 6:151-153)

Estos tres versículos reúnen diez grandes preceptos que protegen la fe, la familia, la vida, los bienes, la justicia y la convivencia entre las personas.

No son principios aislados. Forman un verdadero programa moral para el individuo y para la sociedad.

El primer precepto: adorar únicamente a Allah

Allah dice:

«No asociéis nada con Él.»

El monoteísmo es el fundamento del Islam y la base sobre la que se construye toda la vida del creyente.

Nada de cuanto existe merece ser adorado junto a Allah. Ni el sol ni la luna, ni los ángeles, ni los Profetas, ni las personas más piadosas. Todos son criaturas de Allah.

Allah dice:

«Todos los que están en los cielos y en la Tierra comparecerán ante el Misericordioso como siervos.»

Por eso, solamente Allah merece nuestra adoración, nuestras súplicas y nuestra entrega absoluta.

Luqman aconsejó a su hijo:

«¡Hijo mío! No asocies nada con Allah, pues asociar con Él es ciertamente una enorme injusticia.»

Y esta es también una enseñanza para los padres: la verdadera educación comienza formando en nuestros hijos una fe correcta y una relación sincera con Allah.

El segundo precepto: tratar con bondad a los padres

Inmediatamente después del derecho de Allah aparece el derecho de los padres:

«Y tratad con bondad a vuestros padres.»

No basta simplemente con no hacerles daño. Allah nos ordena algo superior: hacerles el bien.

Debemos hablarles con respeto, atenderlos, acompañarlos, obedecerlos en aquello que es correcto y cuidarlos especialmente cuando llegan a la vejez.

Allah dice:

«Tu Señor ha decretado que no adoréis sino a Él y que tratéis con bondad a vuestros padres. Si uno de ellos, o ambos, llegan a la vejez estando contigo, no les digas siquiera “uf”, ni los reprendas; háblales con respeto. Y baja para ellos el ala de la humildad y de la misericordia, y di: “¡Señor mío! Ten misericordia de ellos como ellos me cuidaron cuando era pequeño”.»

Cuando nuestros padres envejecen llega, especialmente, el momento de devolver una pequeña parte del amor, el esfuerzo y los sacrificios que realizaron por nosotros.

El tercer precepto: proteger la vida de los hijos

Allah dice:

«No matéis a vuestros hijos por causa de la pobreza. Nosotros os proveemos a vosotros y a ellos.»

En la época preislámica algunos mataban a sus hijos, especialmente a sus hijas, por pobreza o por miedo al futuro.

El Corán rechazó radicalmente esta práctica y recordó que el sustento está en manos de Allah.

En otro versículo dice:

«No matéis a vuestros hijos por temor a la pobreza. Nosotros les proveemos a ellos y a vosotros.»

La vida humana no puede convertirse en víctima del miedo económico. Los hijos no son simplemente una carga material: son una responsabilidad, una bendición y una vida cuya dignidad debe ser protegida.

El cuarto precepto: mantenerse alejados de las indecencias

Allah dice:

«No os acerquéis a las indecencias, ni públicas ni ocultas.»

Observemos que Allah no dice únicamente: «No las cometáis», sino:

«No os acerquéis.»

Porque muchos pecados comienzan mucho antes del acto final.

Comienzan con una mirada, una conversación, una imagen, una relación o una situación que poco a poco conduce a la persona hacia aquello que Allah ha prohibido.

El creyente no solamente evita el pecado; procura también mantenerse alejado de los caminos que conducen hacia él.

Y la moral no cambia cuando desaparecen las miradas de la gente.

Allah prohíbe las indecencias tanto visibles como ocultas, porque el creyente sabe que Allah conoce lo que hacemos públicamente y también aquello que escondemos.

El quinto precepto: respetar la vida humana

Allah dice:

«No quitéis la vida que Allah ha hecho sagrada, salvo con legítimo derecho.»

La vida humana posee una enorme inviolabilidad.

Nadie puede decidir por sí mismo arrebatar la vida de otra persona.

El Islam protege la vida y considera su vulneración injusta uno de los pecados más graves.

Por eso, la vida, la seguridad y la integridad de las personas no pueden quedar sometidas a la ira, la venganza, los intereses particulares ni las decisiones individuales.

Con estos primeros cinco preceptos, Allah concluye diciendo:

«Esto es lo que os ha ordenado para que razonéis.»

El sexto precepto: proteger los bienes del huérfano

Allah dice:

«No os acerquéis a los bienes del huérfano, salvo de la mejor manera, hasta que alcance la madurez.»

El huérfano se encuentra en una situación de especial vulnerabilidad y, por ello, la legislación islámica protege de manera particular sus derechos y sus bienes.

Quien administra sus propiedades no es su propietario.

Es únicamente una persona a la que se le ha confiado una responsabilidad.

Por eso, debe conservar esos bienes, administrarlos buscando el interés del huérfano y entregárselos cuando alcance la madurez y tenga capacidad para gestionarlos.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— anunció además una enorme recompensa para quien cuida sinceramente de un huérfano:

«Yo y quien se haga cargo de un huérfano estaremos así en el Paraíso.»

Y juntó sus dedos índice y medio.

El séptimo precepto: honestidad en las transacciones

Allah dice:

«Dad la medida y el peso con justicia.»

En tiempos anteriores, el engaño podía consistir en alterar una balanza o reducir una medida.

Hoy las formas pueden haber cambiado, pero el principio permanece.

Engañar en el peso, en el precio, en la calidad, en un contrato, en una factura o en cualquier transacción significa apropiarse injustamente de los derechos de los demás.

Allah dice:

«¡Ay de quienes defraudan! Aquellos que, cuando reciben de los demás, exigen la medida completa, pero cuando miden o pesan para otros, dan menos.»

El musulmán debe preguntarse en cualquier transacción: ¿aceptaría yo que otra persona me tratara de esta misma manera?

La honestidad económica no es solamente una virtud comercial. Es parte de nuestra fe.

El octavo precepto: ser justos al hablar y al dar testimonio

Allah dice:

«Cuando habléis, sed justos, aunque se trate de un pariente cercano.»

La justicia se pone verdaderamente a prueba cuando afecta a alguien a quien amamos o a alguien con quien tenemos un conflicto.

Allah no nos permite transformar la verdad para favorecer a nuestros familiares, amigos o personas cercanas.

Tampoco nos permite ser injustos con quien no nos agrada.

Allah dice:

«¡Creyentes! Sed firmes en la justicia y dad testimonio por Allah, aunque sea contra vosotros mismos, vuestros padres o vuestros familiares.»

No debemos favorecer al rico por su posición ni alterar la verdad en favor del pobre por compasión.

La justicia no consiste en favorecer a quien queremos, sino en dar a cada persona aquello que legítimamente le corresponde.

Las familias, las instituciones y las sociedades solamente pueden mantenerse cuando existe confianza en la justicia.

El noveno precepto: cumplir los compromisos

Allah dice:

«Y cumplid vuestro compromiso con Allah.»

Cumplir la palabra dada es una característica fundamental del creyente.

Los compromisos no son palabras vacías.

Incluyen nuestras responsabilidades ante Allah y también los contratos, acuerdos, promesas y obligaciones legítimas que asumimos con las personas.

Cuando desaparece el respeto por los compromisos, desaparece también la confianza.

Y cuando desaparece la confianza, las relaciones entre las personas, las instituciones y las sociedades comienzan a deteriorarse.

Por eso, el musulmán debe ser conocido por cumplir aquello a lo que se compromete.

Tras estos preceptos, Allah dice:

«Esto es lo que os ha ordenado para que reflexionéis.»

El décimo precepto: seguir el camino recto

Finalmente, Allah reúne todas estas enseñanzas bajo un principio que las engloba:

«Este es Mi camino recto. Seguidlo y no sigáis otros caminos, pues os apartarían de Su camino.»

El camino recto no consiste únicamente en determinados actos de culto.

Es una manera completa de vivir.

Es adorar únicamente a Allah.

Es cuidar a los padres.

Proteger la vida.

Preservar la moral.

Defender al vulnerable.

Ser honesto en nuestras transacciones.

Decir la verdad.

Actuar con justicia.

Cumplir nuestros compromisos.

Y mantenernos firmes en la guía que Allah nos ha dado.

Por eso Allah termina diciendo:

«Esto es lo que os ha ordenado para que alcancéis la consciencia de Allah.»

Hermanos y hermanas:

Observemos la extraordinaria amplitud de estos versículos.

Comienzan con el derecho de Allah y después pasan a los derechos de las personas.

Hablan de los padres y de los hijos, de la vida y de la moral, del huérfano y de sus bienes, del comercio, de la justicia, de la palabra y de los compromisos.

Es decir: nuestra relación con Allah no puede separarse de nuestra conducta con los seres humanos.

La fe debe verse en nuestra familia.

En nuestro trabajo.

En nuestras relaciones económicas.

En nuestra forma de hablar.

En nuestra manera de administrar aquello que se nos confía.

Y en nuestra capacidad para ser justos incluso cuando la justicia no favorece nuestros propios intereses.

Estas son las grandes enseñanzas que Allah concluye repitiendo tres expresiones:

«Para que razonéis.»

«Para que reflexionéis.»

«Para que alcancéis la consciencia de Allah.»

Que Allah nos haga comprender estas enseñanzas, vivir conforme a ellas y transmitirlas a nuestras familias.

Que nos conceda firmeza sobre Su camino recto y nos haga de aquellos que escuchan la palabra y siguen lo mejor de ella.

Y alabado sea Allah, Señor de los mundos.

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