Los trabajadores de todo el mundo celebran el uno de mayo de cada año su día internacional. En este día no trabajan y salen a manifestarse en las calles levantando banderas y coreando consignas. Expresan su felicidad por los derechos y conquistas que han obtenido a través de una larga marcha de lucha, y muestran su disposición a continuar la lucha con el fin de proteger esos derechos conseguidos y reclamar más. El trabajador musulmán es uno de estos trabajadores. Es un trabajador que debe reivindicar sus derechos, pero también debe cumplir con sus deberes con la persona que le da el trabajo, se trata de derechos y deberes mutuos. A cada derecho le corresponde un deber, y nuestra religión islámica nos ha enseñado a cumplir con nuestros deberes antes de pedir el derecho que nos corresponde. Si cada parte en un contrato o acuerdo cumpliera con lo que se ha comprometido antes de exigir lo que es suyo, no escucharíamos en la otra parte ninguna queja. Allah Todopoderoso dijo: “Hemos hecho de alguno de vosotros una prueba para los otros. ¿Seréis pacientes?” Sura 25, El Discernimiento, aleya 20. Esta es la razón por la que nuestro Profeta ﷺ dijo: “Todos vosotros sois pastores y todos vosotros sois responsables de vuestro rebaño” [Al-Bujarí]
Antes de tratar el tema de los derechos mutuos que tienen los trabajadores y empleadores -o empresarios para los que trabajan-, debemos hablar sobre el trabajo en sí mismo para que lo valoremos y veamos la importancia que tiene en el Islam. Allah Todopoderoso creó al ser humano para que le adorase. Dijo: “No creé a los genios y a los hombres sino para que me adoren” Sura 51, Los que levantan un torbellino, aleya 56. Es decir, para que le adoren con plena intención, con palabras y hechos, con obras como la oración, el ayuno y la caridad que muestren una devoción pura. Y una parte de esa adoración también está representada por lo que realizamos en nuestra vida diaria, desde que nos despertamos por la mañana hasta que nos entregamos al sueño por la noche. Dijo nuestro Profeta ﷺ: “Todas las personas salen por la mañana” Pero hay quien sale para liberar su alma; y hay quienes salen para hacerla morir o encarcelarla.
Sí, el agricultor en su campo, el artesano en su taller, el comerciante en su tienda, el oficinista en su oficina, y todos los que tienen un oficio en su oficio… Todos pueden hacer de su trabajo un lugar para la adoración y el acercamiento a Allah Todopoderoso, pero siempre que cumplan con las leyes que Allah nos prescribió. Ese trabajo debe estar permitido por la Sharía, ya que hay actos que son reprobados por la ley de Allah, como trabajar en bares donde se expende alcohol, discotecas, etc., que no son ni serán lugares para la adoración que nos acerquen a Allah.
El trabajo que ejerzamos debe estar acompañado de buenas y virtuosas intenciones, pues el musulmán con su trabajo pretende purificar su alma, sacar el sustento de su familia, beneficiar a su comunidad y hacer prosperar su tierra, como le ordenó hacer su Señor Todopoderoso cuando dijo: “Él os creó a partir de la tierra e hizo que vivierais en ella. Pedidle, pues, perdón y volveos a Él” Sura 11, Hud, aleya 61. El musulmán debe realizar su trabajo lo mejor posible, buscando la perfección. Dice el hadiz: “Allah se siente satisfecho cuando uno de vosotros hace el trabajo con perfección” [Al-Bayhaqi] Y debe cumplir con los límites que Allah nos ha impuesto: No debe traicionar, engañar o ser injusto con los derechos de los demás. Por último, su trabajo en esta vida no le debe distraer de sus deberes religiosos. El Todopoderoso dijo: “¡Vosotros que creéis! Que ni vuestras riquezas ni vuestros hijos os distraigan del recuerdo de Allah. Y quien lo haga… Esos son los perdedores” Sura 63, Los hipócritas, aleya 9. Dijo, alabando a los asistentes a la mezquita: “Hombres a los que ni el negocio ni el comercio les distraen del recuerdo de Allah, de establecer la oración y de entregar el zakat. Temen un día en el que los corazones y la vista se desencajen” Sura 24, La luz, aleya 37. Es por eso que los ulemas dijeron: “La mejor adoración es complacer a Allah, glorificado y exaltado sea, con lo que requieren las circunstancias de cada el tiempo”, Así pues, por ejemplo, la mejor adoración en el momento de la oración es realizarla.
Si un musulmán viera a un hombre que se está ahogando y pudiendo salvarlo se aparta de él para llevar a cabo la oración, entonces será un pecador. Y si hubiera escuchado la llamada a la oración y se hubiera alejado de ella para dedicarse a otro trabajo que pudiera hacer en otro momento, entonces será un pecador. Esto nos da idea del alcance de vinculación y complementariedad que en el Islam hay entre los actos de adoración y el trabajo diario que realizamos. En el Islam no hay un camino que conduzca al Más Allá llamado la adoración, y no hay un camino llamado trabajo que lleve a este mundo, sino que es un solo camino interrelacionado, su comienzo está en este mundo y su final en el Más Allá “Busca en lo que Allah te ha dado la morada de la Última Vida sin olvidar tu parte en ésta, y haz el bien igual que Allah lo hace contigo” Sura 28, El relato, aleya 77.
Ahora pasemos a hablar del trabajo que los trabajadores reivindican en este día que conmemoran. Se reivindica el derecho a tener trabajo y el derecho a un salario digno, además de un buen trato por parte el empresario. Allah puso a disposición del hombre la tierra después de haberla bendecido y fijó en ella sus alimentos, indicando al ser humano que debía esforzarse para obtener su sustento, con la prohibición de estar desocupado y holgazanear. Dijo en boca de su Profeta ﷺ: “Que alguno de vosotros tome unas cuerdas, suba al monte y venga con un hatillo de leña sobre sus espaldas, y lo venda. Allah protegerá así sus rostros con lo que obtengan. En cualquier caso, es mejor para él que pedir a la gente, tanto si le diesen como si no” [Al-Bujari]
Por esa razón, prohibió que se diese caridad a los ricos y poderosos, prohibiendo asimismo la mendicidad de aquellos que pueden trabajar o tienen suficiente para vivir. “La caridad no es permisible para los ricos ni para los acomodados” [Tirmidhi]. Y dijo: “El pedir seguirá estando con alguno de vosotros hasta que se encuentre con Allah y no haya carne en su cara”. Se refiere críticamente a la persona que pide no teniendo necesidad, sino que lo hace por codicia, se humilla y degrada la dignidad que Allah le ha dado. El Islam llama a buscar la ayuda de Allah, a apoyarse y encomendarse a Él, y apoyarse en el alma, esforzándose y obrando, para así proteger la dignidad de él como musulmán y preservar su honor y cualidades ideales de hombre. Por lo tanto, se anima al musulmán a que se gane la vida y obtenga dinero para su familia a través del trabajo en la agricultura, la industria, el comercio, la artesanía, es decir en cualquier oficio o empleo en el que reciba un sueldo, pero siempre y cuando – y esto es muy importante- el trabajo que realice debe ser autorizado por Allah y cumplir con los requisitos que Su ley indica.
Entre los trabajos que requieren el intercambio de derechos y deberes entre trabajadores y empleadores (empresarios), tenemos el trabajo por cuenta ajena, en el que la persona recibe un salario o remuneración a cambio de sus servicios. El empleo puede ser en el sector público o en sector privado. Un musulmán puede buscar su sustento a través de él siempre que sea capaz de soportar su trabajo allí… pero no es permisible para él postularse para un cargo para el que no esté cualificado, especialmente en lo referido a puestos sensibles como gobierno, el poder judicial o similares. Abu Dharr al-Ghifari -Allah esté complacido con él- narró: “Le dije al Mensajero de Allah: ¿Por qué no me haces gobernador de una provincia? Me golpeó el hombro con su mano y después dijo: ¡Abu Dharr! Tú eres débil, y el gobernar es una carga de responsabilidad que el Día del Juicio será motivo de ignominia y lamento, excepto para quien haya gobernado con justicia y haya cumplido con todas sus obligaciones”. Abd al-Rahmán ibn Samra –Allah esté complacido con él- narró: “El Mensajero de Allah me dijo: Abd al-Rahman, no pidas el poder, ya que si se te concede y se te encarga algo deberás cumplirlo, mientras que si se te da sin pedirlo y se te encarga algo recibirás ayuda para ejércelo” (hadiz acordado).
El Islam ha prestado especial atención al trabajo por cuenta ajena por un salario para incentivarlo y motivarlo, por un lado, y, por otro lado, para proteger los derechos de aquellos que lo realizan, sin olvidar los derechos de las personas para los que se trabaja. Allah Todopoderoso dijo: “Di: Actuad que Allah verá vuestros actos, así como Su mensajero y los creyentes. Y seréis llevados de vuelta al Conocedor del No-visto y de lo Aparente que os dirá lo que hacíais.” Sura 9, El Arrepentimiento, aleya 105 Y dijo su Profeta ﷺ: “Allah ama al siervo que lleva a cabo un trabajo” [Al-Qurtubi en su exégesis] y dijo -en lo que narró de su Señor, el Todopoderoso- advirtiendo de la guerra a cualquiera que sea injusto con su asalariado y no le dé su derecho: “Hay tres tipos de personas en contra de las cuales yo mismo haré demandas en el Día del Juicio: Un hombre que ha hecho un pacto y luego lo ha traicionado; un hombre que esclavizó a una persona libre, la vendió y consume ese dinero; y un hombre que contrató a un trabajador, éste le cumplió el trabajo y no le ha dado su salario” [Bujari]
Por esto, encontramos en los libros de jurisprudencia islámica tipos de contratos para diferentes tipos de trabajos: como el contrato de arrendamiento, que es un contrato en el que se da un beneficio a cambio de una compensación. El beneficio puede ser un beneficio en dinero contante, como el arrendamiento de una casa, o un beneficio por un trabajo determinado. Nuestro señor Musa (Moisés) -la paz sea con él- trabajo como asalariado para un hombre anciano durante ocho años, con tal de que se casara con una de sus hijas. El Todopoderoso dijo a través de ese anciano: “Dijo: Quiero casarte con una de mis hijas a cambio de que trabajes para mi durante ocho años, aunque si culminas hasta diez será cosa tuya, no quiero hacértelo difícil; si Allah quiere, encontrarás que soy justo. Dijo: Esto es algo entre tú y yo; y cualquiera de los dos plazos que cumplas no me causará ningún perjuicio. Allah es garante de lo que decimos” Sura 28. El relato, aleyas 27,28. Como el contrato de “al-Yu`ala”, en el que una parte otorga un premio o recompensa a aquel que realice una tarea, por ejemplo, a quien devuelve pertenencias perdidas o animales extraviados. “Al-Yu´ala” está legislada con las palabras del Altísimo en boca de su profeta Yusuf -sobre él sea la paz- “Dijeron: Hemos perdido la copa del rey: Quien la traiga tendrá la carga de un camello, lo garantizo” Sura 12, Yusuf, aleya 72.
O como el contrato de aparcería o arrendamiento de una finca de labranza, en el que el titular de una finca cede su uso o disfrute conviniendo con el aparcero un reparto de los productos obtenidos en la finca. Parecido a esto es el contrato de “Al-Musáqaa”, que es pagar con parte de los frutos obtenidos a quien riega y cuida una planta o árbol. También está el contrato “Mudaraba”, que podría equivaler a una sociedad de inversión conjunta, mediante el cual el dueño del capital y la persona que pone el esfuerzo acuerdan entre si el porcentaje de ganancias que recibirá cada uno.
Estos contratos, que incluyen los derechos y deberes de cada parte, fueron desarrollados por los juristas para proteger los derechos resultantes de esos tratos de los que las personas no pueden prescindir de ninguna manera. Allah Todopoderoso dijo: “Nosotros repartimos entre ellos sus medios de vida en este mundo y hemos elevado en grados a unos sobre otros, para que unos tomaran a su servicio a otros” Sura 43, Los dorados, aleya 32. Y dijo: “Realmente muchos de los que se asocian con otros cometen abusos, pero no así los que creen y practican las obras de bien. Sin embargo, ellos son pocos” Sura 38, Sad, aleya 24-
En el hadiz que mencionamos anteriormente se indicaba: “Hay tres tipos de personas en contra de las cuales yo mismo haré demandas en el Día del Juicio” Y mencionó entre ellos a “un hombre que contrató a un trabajador que cumplió con el trabajo y no le ha dado su derecho”. No es suficiente con pagar el derecho del empleado en su totalidad, sino que se le debe pagar en en el momento acordado, como dijo el Profeta ﷺ: “Dad al empleado su derecho antes de que su sudor se seque” Lo mencionó el autor de “Misbah a-sunna” (Lámpara de la Sunnah) en al-Sihah.
Para terminar: El Islam le pide al trabajador, a cambio de cuidar de sus derechos, que trabaje bien, cumpliendo con su trabajo con seriedad, y que responda a la confianza que se le ha dado. El Islam, cuando le pide al trabajador que trabaje bien y cumpla con lo que se ha encargado y confiado, no diferencia entre que el empleador sea musulmán o no musulmán, ya que ambos tienen derecho a que el empleado realice su labor de la mejor manera posible. Esto es un derecho del empleador y deber del trabajador, sea cual sea el trabajo y el empleador. Dice el hadiz: “Devuelve lo confiado a quien te lo confió, y no traiciones a quien te traicionó.” Y en otro hadiz: “Quien engaña o hace trampas, no es de nosotros”
Esto es lo que quería recordaros a propósito de esta celebración. Pido a Allah que nos haga de los que escuchan la palabra y siguen lo mejor de ella. Amén, Amén. La paz sea con los Mensajeros y la alabanza para Allah, Señor del universo.
