LAS CAUSAS DE LA FELICIDAD Y SU REALIDAD

  • Última modificación de la entrada:abril 25, 2025

La alabanza para Allah, Señor del universo. Que la paz y las bendiciones de Allah sean con el Maestro de los enviados  ﷺ, su familia, sus compañeros y seguidores, y con todos aquellos que los siguen con el bien y rectitud (ihsán) hasta el Día del Juicio.

A quien haya obrado con rectitud, sea varón o hembra, siendo creyente, le haremos vivir una buena vida y le daremos la recompensa que le corresponda por lo mejor que haya hecho”. Sura 16, La abeja, aleya 97. Es decir, vivirá en este mundo una vida buena con la satisfacción de haber aceptado la voluntad de Allah, la provisión halal de la Providencia y el éxito para las obras buenas. Dijo al-Hasan: “La buena vida es la vida en el Paraíso, porque allí es una vida sin muerte; rica, sin pobreza; con salud, sin dolencias; con felicidad, sin fatigas ni desgracias”. Dijo el Altísimo: “Verdaderamente los temerosos (de Allah) estarán en jardines y manantiales. ¡Entrad en ellos! En paz y a salvo. Les quitaremos el odio que pueda haber en sus pechos y estarán, como hermanos, recostados en lechos unos enfrente de otros. Allí no les alcanzará ningún tipo de aflicción y no tendrán que salirSura 15, al-Hiyr, aleyas 45-48. La vida bajo la sombra de la palabra del Tawhid, es una vida buena, es la que dijo Allah Altísimo: “¿Acaso no ves como Allah compara la buena palabra con un árbol bueno cuya raíz es firme y cuyas ramas están en el cielo? Da su fruto en cada época con permiso de su Señor. Allah pone ejemplos a los hombres para que así recuerden”. Sura 14, Ibrahim, aleyas 24, 25.

Sí, cuando la buena senda se establece en el alma del siervo y su corazón se llena de luz y obediencia, entonces fluye de él el bien y la luz sobre muchos corazones. Es como el árbol cargado de frutos de los que mucha gente disfruta. Así son los que tienen almas elevadas y fe profunda, ellos poseen la buena palabra que da sus frutos en cada momento, de los que se beneficia la gente. Esta buena senda está asentada en sus almas, extendiéndose sus ramas a los mundos elevados, lo que les hace parecerse a la palmera, cuya raíz es firme, sus  ramas son altas, elevadas, y sus frutos permanentes. En cambio, los que tienen almas débiles y son poseídos por las pasiones, sus palabras son pérfidas y dañinas.

Queridos hermanos y hermanas: Todos estamos de acuerdo en que la felicidad es una demanda de todas las personas en todo tiempo y lugar. La buscan tanto el piadoso como  el disoluto, el creyente y el no creyente, el obediente y el rebelde; todos, absolutamente todos, buscan ser felices con palabras y hechos, pero los caminos que siguen para llegar a ella son diferentes; pues mientras el musulmán comprometido con su religión ve que la felicidad está en satisfacer a Allah Altísimo y el sometimiento a sus órdenes y prohibiciones; otros, en cambio,  creer que la felicidad consiste en ir detrás de las pasiones y los placeres de la vida, sin límites ni restricciones, o que la felicidad está en ocupar altos cargos y ostentar honores y poder, aunque sea a costa de pisotear el cuello de los demás. Son gente que no soporta a los que cumplen con los principios de obrar el bien y evitar el mal, y considera a la gente virtuosa, a los temerosos de Allah, como enemigos del progreso, así que se esfuerzan por eliminarles de la escena para que se despeje el campo para ellos .

La búsqueda de la falsa felicidad y el descanso está entre los grandes motivos que empujan a la rebeldía y a dejar las practicas piadosas. Todo el mundo desea la felicidad y busca quitar de su vida las preocupaciones, la turbación  y todo lo que hace que la vida sea desgraciada, pero son  pocos los que siguen el camino correcto y alcanzan la verdadera felicidad; la mayoría se desvía de él a la izquierda o a la derecha. Dijo un poeta: “Espera la salvación, pero no toma sus caminos. Es como el barco que intenta navegar en tierra firme” La mayoría de la gente tapa sus ojos, no dejan que estos vean la verdad de la felicidad y su secreto más extraordinario. Son personas que lamentablemente sólo son felices cuando acumulan dinero o bienes, y si eso les fallase dirán que la vida es una porquería.

Queridos hermanos y hermanas: Muchas personas viven engañadas. Piensan que la felicidad depende del dinero, la riqueza y la posición social, pero la realidad nos dice que esto no es cierto, ya que el dinero por sí solo no hace que seamos felices -aunque pueda ayudarnos en cierta manera. La felicidad emana del alma, que tiene que estar contenta y satisfecha con lo que Allah le ha concedido; surge de la fe y la buena gestión que hagamos de nuestra vida. La felicidad, por tanto, aparece dentro del alma y los elementos exteriores, como el dinero, los honores, el poder o cosas de parecida índole, son secundarios y no son la fuente esencial de nuestra felicidad. Es más, muchos ricos son desgraciados teniendo enormes bienes materiales; mientras que hay pobres que son enormemente felices a pesar de la dureza de su vida y su pobreza. Además, el dinero es una cosa que viene y se va. ¡Cuántos ricos se han convertido en pobres de la noche a la mañana! En el Sagrado Corán -sura18, La caverna, aleyas 32 a 43- se nos habla del  dueño de dos plantaciones de vides, que ingenuo y lleno de vanidad pensaba que nunca iban a desaparecer, pero lo perdió todo y amaneció golpeándose arrepentido las palmas de las manos cuando vio que su riqueza fue destruida. Dijo Allah Altísimo: “Entonces su riqueza fue destruida y amaneció golpeándose las palmas de las manos por lo que se había gastado en el jardín  cuando ahora había quedado asolado hasta las raíces, y dijo:¡Ojalá no hubiera asociado a nadie con mi Señor! Sura 18, La caverna, aleya 42.

El Sagrado Corán nos da otros ejemplos de personas que sólo vivían para la riqueza material y lo perdieron todo:  Qarún – mencionado en el Sagrado Corán, sura 28, El relato- era avaricioso y se jactaba de sus enormes tesoros y abundantes riquezas, pero Allah hizo que la tierra lo tragará con sus tesoros y riquezas. O los dueños del huerto  que se pusieron de acuerdo para negar los derechos de los pobres y desgraciados -y esto en contra del proceder de su padre que solía otorgar a los necesitados una parte del rendimiento de la tierra- . A estos avariciosos Allah los castigó por sus malas intenciones. Dijo el Altísimo: Y de noche, mientras dormían, un visitante de tu Señor cayó sobre él. Y amaneció como la noche oscura” Sura 68, El cálamo, aleyas 19 y 20

¡Y cuántos pobres se han convertido en ricos de un día para otro! Y eso sucede continuamente. Dijo un poeta. “El pobre no sabe cuándo será rico y el rico no sabe cuándo caerá en la miseria”. Y otro dijo: “No humilles al pobre, tal vez te inclines un día  ante él cuando la fortuna lo haya elevado, Quizás reúna riqueza quien no la va a disfrutar, y la disfrute aquel que no trabajó para reunirla”.

A esto podemos añadir la ansiedad y preocupaciones que sufre el rico cuanto intenta amasar una fortuna, el miedo que siente a perderla, la cantidad de días que está ausente por el trabajo y el abandono que sufren debido a esto su esposa e hijos, y otras muchas cosas negativas que afectan a su salud y a su felicidad.

Quizás alguno de vosotros pregunte: ¿Para conseguir la felicidad debe la gente renunciar a su mundo y a la totalidad de placeres, honores y posición social? ¿Acaso podemos deducir de esto que debemos vivir apartados absolutamente de los placeres que nos proporciona esta vida? La respuesta es no. La gente necesita seguir viviendo esta vida que les ha tocado y disfrutarla, pero sin excesos. Esto es importante, pues la barca no avanza sobre la tierra. El Islam no impide ganar dinero, siempre que sea de una manera halal y que se gaste de las maneras que fija la ley de Allah, sin dispendio ni tacañería, e insta al musulmán a que trabaje para conseguirlo -siempre y cuando pueda hacerlo-. Asimismo, señala la recompensa para los que se esfuerzan en ayudar a los hijos, a los huérfanos, a los necesitados y a las viudas. Dice el hadiz: “Una persona que se retira a la cama después de un laborioso día, se retira perdonado (con el perdón de Allah)”.  El Islam no impide a la gente disfrutar de la vida y divertirse, pero siempre que sea de una forma moderada, sin excesos. Dijo el Altísimo: “¡Hijos de Adán! Poneos vuestros mejores y más puros vestidos en cada lugar de oración; y comed y bebed, pero no os excedáis. Es cierto que Él no ama a los que se exceden. Di: ¿Quién prohíbe los adornos de Allah, creados por Él para Sus siervos, y las cosas buenas de la provisión?”. Sura 7, Los lugares elevados, aleyas 31, 32.

El ser humano debe disfrutar de las cosas buenas que Allah le concedió, ya que  no es una condición para ser feliz privar al ser humano de los placeres que Allah nos ha dado en esta vida. Sin embargo, para ser felices no debemos renunciar a nuestro “din“ y debemos apartarnos de las lujurias y caprichos.

Es más, la condición más importante para ser feliz es que el ser humano esté aferrado fuertemente a su religión, que siga el camino que Allah nos ha trazado. Ese es el secreto de la felicidad y su fuente de bienestar más extraordinaria para nuestras almas. La fama, el dinero, la posición social son factores que pueden complementar la felicidad, pero no son  esenciales, ya que los pilares de la felicidad se encuentran en lo que Allah nos ha ordenado que hagamos. Ibn Abbas –Allah esté satisfecho de él- nos transmitió: “Come y bebe lo que quieras, siempre que no lo hagas con derroche y presunción”. En resumen, la piedad, el encomendarse plenamente a Allah Todopoderoso, es el origen de la felicidad y su secreto.

La felicidad no está en acumular dinero sino en tener temor a Allah. Quien teme a Allah es feliz. Y toda felicidad sin eso es una felicidad incompleta, amputada de lo esencial y fruto de la imaginación, incluso si se reuniesen alrededor de ella otros elementos que se supone podrían facilitarla, ya que la felicidad brota del corazón y no es una lluvia que cae espontáneamente del cielo. El alma generosa, satisfecha, piadosa, purificada y exenta de vicios, es feliz en cualquier momento y dondequiera que esté, tanto en el palacio como en una choza, en la ciudad o en el pueblo, en sociedad o en soledad, entre los palacios y las casas, entre los montículos o en las rocas. Quien busca la felicidad auténtica no la busca en el dinero, la nobleza, la posesión de plata u oro, palacios o jardines, sino que la encuentra en sí mismo. Su alma, si quiere, puede ser la fuente de su felicidad y bienestar, pero ¡cuidado! también, por el contrario, puede ser la fuente de su infortunio o desgracia, de su pesar o pena. Dijo Allah Altísimo: “Habrá triunfado el que la purifique y habrá perdido quien la lleve al extravío” Sura 91, El sol, aleyas 9 y 10.

¡Qué son esas sonrisas que ves brillantes en las bocas de los pobres, desgraciados, afligidos y sufrientes, sino muestras de que ellos son felices en sus vidas, felices consigo mismos! ¡Y qué son esos quejidos que se escuchan crecientes en los pechos de los ricos y magnates, señores de la grandeza y el honor, pero que en el fondo son desdichados en sus vidas, y son tremendamente infelices! Lo que enturbia la pureza de esas almas, perturba su tranquilidad y quietud, y roba su sosiego y bienestar es el alejamiento de Allah Altísimo. Dijo Allah Altísimo: “Pero quien se aparte de Mi recuerdo ..Es cierto que tendrá una vida misera y el Día del Levantamiento le haremos comparecer ciego” Sura 20, Ta Ham, aleya 124.

Sin Allah no se ilumina la página de la felicidad, ni brilla su sombra. Quien quiera la máxima felicidad debe dirigirse a Allah con todas sus fuerzas, con amor, con “dikr,” con temor, rogando, y cosas parecidas a éstas.

 Dijo Sheyj al Islam Ibn Taymyya: “Quien quiera la felicidad eterna debe adherirse al umbral de la servidumbre”. Y dijo -Allah tenga misericordia de él-: “No hay en la creación nada que permita al siervo encontrar sosiego y le dé seguridad excepto Allah, alabado sea. Y quien adore y ame a otro que no sea Allah, pues su amor esta corrompido mucho más que si comiese una comida venenosa”.

¡Oh Allah! Guíanos por tu camino recto y fija nuestros pasos en él hasta que te encontremos y estés satisfecho de nosotros. Bendice a nuestro señor Mohammad, a su familia, a todos sus compañeros y seguidores, y a quien los sigue con el bien hasta el Día del Juicio.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.