El tema de la “jutba” (sermón) de hoy está relacionado con la “jutba” anterior, que trataba sobre el programa de “Un día normal en la vida del profeta Mohammad”. Lo último que mencionamos al respecto fue que él ﷺ cuando el día estaba avanzando – es decir, a partir del amanecer, después de la oración voluntaria de “Duha” -se levantaba de la reunión que celebraba en su mezquita para enseñar y educar a sus compañeros –Allah Todopoderoso esté complacido con ellos- para que cada uno se ocupara de sus propios asuntos: su hogar o su trabajo.
En cuanto a él ﷺ, tenía por costumbre visitar algunas mañanas a aquellos de sus parientes o compañeros que deseaban verlo. A veces iba solo, y otras veces con algunos de sus compañeros. Entre sus visitas a sus parientes estaba la que hizo a la casa de Fátima para ver a su nieto, Al-Hasan ibn Ali – Allah esté complacido con él y con su padre- Lo acompañaba Abu Hurairah -Allah esté complacido con él-, quien narró que el Profeta ﷺ se quedó en el patio de la casa y gritó: «¿Está aquí el pequeño? ¿Está aquí el pequeño?», hasta que Al-Hasan salió corriendo hacia él. El Profeta ﷺ lo abrazó y lo besó, diciendo: «¡Oh Allah, yo lo amo, así que ámalo y ama a quien lo ame!». En otra ocasión, fue a casa de ella y le preguntó por su esposo, Ali -Allah esté complacido con ambos-, preguntando: «¿Dónde está tu primo?». Ella respondió: “¡Había algo entre nosotros, así que él salió!” Preguntó por él, y le dijeron: Está durmiendo en la mezquita. Entonces fue a verlo, y su manto se le había caído del costado y se le había pegado polvo. Comenzó a limpiarle el polvo y a decir: ¡Levántate, Abu Turab, levántate, Abu Turab! – Turab en árabe es la tierra, el polvo, por lo tanto debía referirse al polvo que tenia su manto –
Con respecto a las visitas a sus compañeros, tenía la costumbre de visitar a los débiles y enfermos, aceptando sus invitaciones. Por ejemplo, aceptó la invitación de Muleika, la abuela de Anas ibn Malik – Allah esté complacido con ambos-. Ella lo invitó a una comida que había preparado, y él comió. Luego dijo: «Levantaos para que pueda dirigirlos en la oración». Anas dijo: «Fui a una de nuestras esteras, que se había ennegrecido por el uso prolongado y la rocié con agua para limpiarla. El Mensajero de Allah ﷺ se paró sobre ella, y yo y el huérfano nos pusimos detrás de él; la anciana, por su parte, se puso detrás de nosotros. Nos dirigió en dos rak’ahs y luego se fue». Otro ejemplo fue su visita a Utban ibn Malik -Allah esté complacido con él-, quien lo invitó a orar en su casa. El Profeta ﷺ fue a verlo por la mañana, acompañado por Abu Bakr, Omar y algunos otros compañeros. Le preguntó: “¿Dónde quieres que ore en tu casa?”. Le mostró un rincón de su casa, extendió una estera y roció un extremo con agua. Y rezó con ellos dos rak’ahs, luego ‘Utban lo invitó a quedarse y compartir algo de la comida que había preparado, y se sentó y comió. Otro ejemplo es el que narró Anas –Allah esté complacido con él-: Un sastre invitó al Mensajero de Allah ﷺ a una comida. Dijo: Así que fui con él a esa comida, y el hombre le trajo al Mensajero de Allah ﷺ pan de cebada y caldo con calabaza y carne seca, ¡y él volvió a su trabajo! Dijo: Entonces el Mensajero ﷺ comenzó a comer de esa calabaza y le gustó, ¡y lo vi siguiendo la calabaza alrededor del plato! Cuando vi eso, comencé a dársela, y desde ese día siempre he amado la calabaza (podría tratarse también del calabacín)
Cuando el Profeta ﷺ visitaba a uno de sus compañeros y comía con él, suplicaba y oraba por ellos. Por ejemplo, visitó a Sa’d ibn ‘Ubadah – Allah esté complacido con él-, quien le trajo pan y aceite. Comió y luego dijo: «Que quienes ayunan rompan su ayuno contigo, que los justos coman de tu comida y que los ángeles oren por ti». También visitó a Busr ben abi Busr quien le trajo comida, un plato de dátiles, harina y manteca, y comió de él. Luego le trajeron una bebida, y bebió. Luego dijo: «¡Oh, Allah, bendícelos en lo que les has provisto, ¡perdónalos y ten misericordia de ellos!». Su propósito al hacer esas visitas y aceptar esas invitaciones era brindar consuelo a quienes visitaba, incluso a sus hijos pequeños. Anas dijo: El Profeta ﷺ, era la mejor de las personas en carácter, y solía visitarnos y convivir con nosotros. Yo tenía un hermano pequeño, de unos tres años, y cuando nos visitaba, bromeaba con él y lo hacía reír. Pero un día nos visitó y lo encontró triste, y dijo: «¡Oh, Umm Sulaym, ¿por qué veo a tu hijo triste y cabizbajo?!». Ella respondió: «¡Oh, Mensajero de Allah, ¡su pajarito con el que solía jugar ha muerto!». Entonces se acercó a él y comenzó a acariciarle la cabeza y a decir: “¡Oh Abu Umayr, ¿qué le pasó al pajarito? ¡Oh Abu Umar, ¿qué le pasó al pajarito?!”
Él ﷺ solía ir a los mercados. Al caminar, iba como si bajara de una pendiente; es decir, levantaba las piernas con firmeza y se inclinaba hacia adelante. Lo importante es que caminaba con espontaneidad y seriedad, ¡lejos de cualquier pretensión afectada! Cuando caminaba con sus compañeros, ellos caminaban delante de él o a su alrededor; ¡nunca lo seguían! ¡Sonreía a todo el que encontraba! Abdullah bin Al-Háriz dijo: ¡Nunca vi a nadie que sonriera más que el Mensajero de Allah ﷺ! Cuando pasaba junto a niños, los saludaba y les acariciaba la cara. Yaber bin Samurah dijo: El Profeta ﷺ salió, y yo salí con él. Dos niños coincidieron con él ﷺ, y él comenzó a acariciar las mejillas de cada uno de ellos, uno por uno. En cuanto a mí, me acarició la mejilla, y encontré su mano fresca y fragante, ¡como si la hubiera sacado de una bolsa de perfumes! Un día pasó junto a la mezquita, donde un grupo de mujeres estaba sentado, así que las saludó con un gesto. Cuando se encontraba con uno de sus compañeros, lo acariciaba y oraba por él. Se detenía ante cualquiera que lo pararaﷺ en el camino, y si por casualidad lo parase una esclava, él se detenía ante ella. Adi ibn Hatem al-Ta’i narró sobre su primer encuentro con el Profeta ﷺ . Dijo: Mientras caminaba con él, una mujer y un niño que iba con ella lo llamaron: “¡Oh Mensajero de Allah, te necesitamos!” Entonces lo llevaron aparte, y él ﷺse quedó con ellos hasta que me cansé de estar de pie tanto tiempo. Me dije a mí mismo: “Doy testimonio de que eres inocente de mi religión y de la religión de Nu’man ibn al-Mundhir (el último rey de los Lahmidas en al-Hiraz -actual Iraq-. Era cristiano nestoriano y destacó por proteger poetas árabes) y que si fueras un rey, un niño y una mujer no se habrán quedado con él tanto tiempo.” Entonces Allah infundió en mi corazón amor por él ﷺ.
Un día pasó junto a un joven que estaba despellejando una oveja, y no era bueno despellejando, así que se volvió hacia él y le dijo: ¡Espera a que te muestre, porque no veo que seas bueno despellejando! Entonces puso su mano entre la piel y la carne y la palpó hasta que desapareció hasta la axila. Luego dijo: Así, muchacho, despelléjala. Luego se marchó. Y pasó junto a un hombre que había puesto su olla al fuego y le dijo: ¿Está rica tu olla? Él dijo: ¡Sí, lo juro por mi padre por ti y por mi padre! Entonces tomó un trozo y comenzó a masticarlo mientras caminaba. Cuando llegaba a la puerta de una casa, no la abría de frente, sino que se desplazaba hacia la derecha o la izquierda, pues las casas eran pequeñas y en aquel entonces no tenían cortinas en las puertas. Y decía: «La paz sea con vosotros».
Dije lo que has oído, y pido perdón a Allah por mí y por ti. Pídele perdón también a Él, y Él te perdonará, porque Él es el Gran Perdonador, el Misericordioso».
Entre las visitas del Profetaﷺ a sus compañeros estaba la de los enfermos. Una de esas visitas fue a Sa’d ibn ‘Ubadah -Allah esté complacido con él- cuando enfermó. Fue a visitarlo acompañado por ‘Abd al-Rahman ibn ‘Awf, Sa’d ibn Abi Waqqas y ‘Abdullah ibn Mas’ud -Allah esté complacido con ellos-. Al entrar, lo encontró inconsciente, rodeado de su familia. Preguntó: “¿Ha fallecido?”. Ellos respondieron: “No, oh Mensajero de Allah”. Entonces lloróﷺ . Cuando la gente vio sus lloros, también lloraron. Él dijo: «¿No oís que Allah no castiga por las lágrimas de los ojos ni por la tristeza del corazón, sino que castiga por esto» -y señaló su lengua- «¡o tiene compasión!». Entre ellas, su visita a Yaber bin Abdullah -Allah esté complacido con él y con su padre-, quien dijo: «Estaba enfermo, y el Mensajero de Allah ﷺ me visitó. Abu Bakr lo acompañaba caminando. Yo estaba con mi gente de Bani Salama. Me encontró inconsciente, así que realizó la ablución y luego roció un poco de su agua de ablución sobre mí. Recuperé la conciencia, ¡y allí estaba el Mensajero de Allah. Le dije: “¡Oh Mensajero de Allah !, ¿qué debo hacer con mis bienes ? Solo tengo un heredero colateral —es decir, no tenía ni padre ni hijo—; y no me respondió hasta que se reveló el versículo de la herencia: “Allah os prescribe acerca de (la herencia) de vuestros hijos” Sura 4, Las mujeres, aleya 11.
Cuando el sol ya estaba en lo alto, el Profeta -la paz y las bendiciones sean con él, con su familia y sus compañeros- regresaba a la casa de la esposa con quien se hospedaba ese día. Al entrar en su casa, lo primero que hacía era recordar a Allah (“Dikr”), usar un “miswak” (un palillo para limpiar los dientes). y saludar. Luego rezaba la oración de Duha, cuatro rak’ahs, y a veces rezaba seis u ocho. A veces encontraba comida y la comía. Otras veces, le ofrecían comida mientras ayunaba, y rompía su ayuno. Aisha -Allah esté complacido con ella- le dijo un día-: «¡Oh Mensajero de Allah, nos han dado un regalo, o ha venido un visitante, y he guardado algo para ti!». Él preguntó: «¿Qué es?». Ella respondió: «”Hais,” (un plato sencillo y nutritivo hecho con dátiles -a los que se extrae los huesos- requesón seco y manteca,) Él dijo: «Tráelo». Ella lo trajo y él lo comió. Entonces dijo: “Comencé el día en ayunas”.
Este era su tiempo a solas con su familia. Aisha- Allah esté complacido con ella- dijo: «Cuando estaba solo en su casa con su familia, era la persona más amable y generosa. Era un hombre como cualquiera de vosotros, solo que siempre sonreía y era alegre. Era simplemente un ser humano. Ayudaba con las tareas del hogar, remendaba sus sandalias, cosía su ropa, ordeñaba sus ovejas, se servía a sí mismo y trabajaba en su casa como cualquiera de vosotros trabajaría en la suya». A veces, durante este tiempo de soledad algunas mujeres se acercaban a él y le preguntaban sobre asuntos de su religión, ¡asuntos que no se atreverían a preguntar delante de los hombres! Las preguntas se formulaban en presencia de las Madres de los Creyentes para que pudieran preservar estas normas para la comunidad musulmana en asuntos relacionados con las mujeres. Entre estas está lo que Aisha narró: Una de las mujeres de los Ansar estaba con él y le preguntó sobre el baño ritual después de la menstruación. Él dijo: Una de vosotras debe tomar su agua y sus hojas de loto y purificarse, realizando la purificación correctamente. Luego debe verter agua sobre su cabeza y frotarla vigorosamente hasta que llegue a la raíz de su cabello. Luego debe verter agua sobre sí misma y tomar un paño perfumado y purificarse con él. La mujer dijo: ¿Cómo se purifica con eso? Él dijo: ¡Gloria a Allah ! ¡Purifícate con ella! Él se avergonzó y se apartó. Aisha dijo: Cuando lo vi avergonzado, la atraje hacia mí y le dije: Sigue el rastro de la sangre con ella. ¡Y él me escuchó y no objetó!
El Profeta ﷺ dormía su siesta en casa de sus esposas hasta casi el mediodía. No se acostaba con ninguna mujer excepto con sus esposas. Pero solía ir a la casa de Umm Sulaym (Rumaysa bint Milhan) -a la que respetaba totalmente- para visitarla a ella y a su familia porque su hermano había fallecido luchando junto a él. Dijo: «Siento compasión por ella; ¡su hermano murió conmigo!». Todos los sábados por la mañana, iba a la Mezquita de Quba, la primera mezquita fundada en la piedad a Allah, y la gente de Quba, los Banu Awf ibn al-Hariz se acercaban a saludarlo mientras rezaba, y él les hacía señas. Cuando iba a Quba, tomaba su siesta de la tarde en casa de Umm Haram —hermana de Umm Sulaym y que es descrita en los hadices como nodriza o pariente del Profetaﷺ-
Y con esto bastará con la promesa de seguir. La paz sea sobre los mensajeros y alabado sea Allah, Señor de los mundos.
