El soborno y su peligro para la sociedad

  • Última modificación de la entrada:agosto 14, 2026

Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con Su Mensajero Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

Hermanos y hermanas:

Allah, Altísimo sea, dice:

«¡Creyentes! No consumáis injustamente los bienes unos de otros, salvo que sea mediante un comercio realizado de mutuo acuerdo.»
(Corán, 4:29)

Una de las grandes enfermedades que dañan a las sociedades es el soborno. Sus consecuencias pueden afectar a personas, familias, empresas, instituciones e incluso a países enteros. Cuando se extiende, desaparece la confianza, se pierden derechos y la justicia deja de aplicarse de manera correcta.

El Islam vino para sacar a las personas de las tinieblas hacia la luz y para establecer relaciones basadas en la justicia, la honestidad y el respeto a los derechos. El soborno destruye estos principios y abre la puerta a la injusticia y a la corrupción.

A veces se intenta cambiar su nombre para hacerlo parecer aceptable: se le llama «regalo», «gratificación», «favor» o «atención». Pero cambiar el nombre no cambia la realidad. Si una persona entrega dinero, un regalo o cualquier beneficio para conseguir injustamente algo que no le corresponde, para adelantar lo que debería esperar, para perjudicar el derecho de otra persona o para conseguir que alguien incumpla su responsabilidad, estamos ante una forma de soborno.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— fue muy claro al respecto:

«El Mensajero de Allah maldijo a quien ofrece el soborno y a quien lo acepta.»

Hermanos y hermanas:

Allah dice:

«No os apropiéis injustamente de los bienes unos de otros, ni sobornéis con ellos a quienes tienen autoridad para apoderaros injustamente de una parte de los bienes de la gente, sabiendo que es ilícito.»
(Corán, 2:188)

Esta aleya establece un principio fundamental: el dinero obtenido por un camino injusto continúa siendo ilícito, aunque aparentemente exista un documento, una autorización o una decisión que lo permita.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— explicó que las personas pueden presentar sus argumentos ante un juez y que alguna puede expresarse mejor que otra. Pero si alguien consigue mediante sus argumentos algo que en realidad pertenece a su hermano, el Profeta advirtió:

«Si concedo a alguien algo que pertenece a su hermano, en realidad le estoy concediendo una parte del Fuego; que la tome o que la deje.»
(Transmitido por Al-Bujari y Muslim)

Por tanto, engañar a una autoridad o utilizar dinero, influencias o relaciones personales para conseguir lo que no nos corresponde no convierte la injusticia en justicia ni lo ilícito en lícito.

Ahora bien, debemos distinguir entre quien paga para conseguir injustamente algo que no merece y quien se encuentra obligado a pagar para recuperar un derecho que le ha sido negado o para evitar una injusticia. Los sabios han diferenciado entre ambas situaciones: quien exige y recibe ese dinero injustamente comete el pecado, mientras que quien se ve obligado a pagarlo únicamente para recuperar su derecho no se encuentra en la misma situación.

Hermanos y hermanas:

Entre las causas que facilitan la corrupción están el retraso injustificado de los trámites, la falta de claridad en las normas, la debilidad de los controles y colocar a personas inadecuadas en puestos de responsabilidad.

Por eso, la lucha contra el soborno no depende solamente de las personas. También necesita instituciones transparentes, procedimientos claros, una buena supervisión y responsables que comprendan que sus cargos son una responsabilidad y no una oportunidad para obtener beneficios personales.

La justicia es uno de los grandes objetivos de las revelaciones divinas. Allah dice:

«Enviamos a Nuestros mensajeros con pruebas claras e hicimos descender con ellos el Libro y la balanza, para que las personas establezcan la justicia.»
(Corán, 57:25)

Quien ocupa un cargo público o privado tiene, por tanto, una responsabilidad. Su función no consiste en aprovecharse de las necesidades de la gente, sino en cumplir su trabajo con honestidad, justicia y responsabilidad.

Pensemos, por ejemplo, en una institución que anuncia un puesto de trabajo. Varias personas cualificadas presentan sus solicitudes. Si un responsable favorece injustamente a uno de los candidatos por ser familiar suyo, porque ha recibido dinero de él o porque espera algún beneficio personal, está perjudicando a quienes tenían derecho a competir en igualdad de condiciones.

Lo mismo ocurre con el empleado que recibe dinero o regalos para ignorar una irregularidad, aprobar un trabajo defectuoso, acelerar injustamente un trámite, evitar una sanción o conceder a alguien un beneficio que no merece.

Todo ello forma parte del soborno y de la corrupción.

Y sus consecuencias no terminan en quien paga y quien recibe. Cuando el soborno se extiende, los competentes quedan atrás y avanzan quienes tienen dinero, contactos o influencias. Se pierden derechos, disminuye la calidad de los servicios y las personas dejan de confiar unas en otras y en sus instituciones.

El soborno convierte la justicia en mercancía.

El que paga para obtener lo que no merece participa en la injusticia, y quien acepta ese pago traiciona la responsabilidad que se ha puesto en sus manos.

Hermanos y hermanas:

El musulmán debe distinguirse por su honestidad, especialmente cuando tiene responsabilidad sobre los derechos, el dinero o los intereses de otras personas.

No debemos considerar ingenuo o atrasado al trabajador que se niega a aceptar un soborno. Al contrario: esa persona protege su dignidad, su religión, su conciencia y el bienestar de toda la sociedad.

El dinero ilícito puede parecer una ganancia rápida, pero carece de bendición. ¿De qué sirve ganar más dinero si para conseguirlo hemos perjudicado a una persona, traicionado una responsabilidad o vendido nuestra conciencia?

La verdadera dignidad consiste en regresar a casa sabiendo que nuestro sustento es lícito, que no hemos perjudicado a nadie y que el alimento que ofrecemos a nuestras familias procede de un trabajo honesto.

El Islam quiere formar personas sinceras, responsables y dignas de confianza. Personas que hagan el bien aunque nadie las observe, porque saben que Allah siempre las ve.

Allah dice:

«A quien obre rectamente, sea hombre o mujer, siendo creyente, le concederemos una vida buena y le recompensaremos conforme a lo mejor de sus obras.»
(Corán, 16:97)

Hermanos y hermanas:

Protejamos nuestros trabajos, nuestras instituciones, nuestras familias y nuestra sociedad de todo dinero obtenido injustamente.

No ofrezcamos sobornos para conseguir lo que no nos pertenece. No aceptemos dinero, regalos, favores o beneficios a cambio de traicionar una responsabilidad. Y no utilicemos nuestras relaciones, nuestros cargos o nuestra influencia para quitar a otros sus derechos.

Una sociedad en la que se protege la justicia, se respeta el derecho y se rechaza la corrupción es una sociedad en la que pueden crecer la confianza, la seguridad y la paz.

Que Allah nos conceda un sustento lícito y bendecido, nos haga personas honestas y justas, nos ayude a cumplir fielmente nuestras responsabilidades y nos proteja de todo dinero ilícito y de toda forma de corrupción.

Que la paz y las bendiciones de Allah sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.