Alabado sea Allah, Señor de los mundos, y que la paz y las bendiciones sean sobre el Mensajero de Allah, sobre su familia y todos sus compañeros.
Dice Allah Todopoderoso: “Los creyentes son, en realidad, hermanos.” Sura 49, Los aposentos privados, aleya 10. En esta aleya o versículo se confirma lo que Allah ha ordenado, y nos señala que el vínculo de la fe es más fuerte que el vínculo de parentesco y lazos de sangre. La hermandad entre los creyentes en el Islam es fuerte y firme. Dijo Allah Todopoderoso: “No encontrareis a nadie que creyendo en Allah y en el último Día sienta afecto por quien se opone a Allah y a Su mensajero, aunque se trate de sus padres, sus hijos, sus hermanos o los de su tribu. Ha escrito la creencia en sus corazones, les ha ayudado con un espíritu procedente de Él y les hará entrar en jardines por cuyos suelos corren los ríos donde serán inmortales.” Sura 58, La discusión, aleya 22.
Un creyente que se caracteriza por la fe no puede abandonar su deber para con sus hermanos de creencia, pues uno de los significados más simples de la hermandad indica que no puedes estar satisfecho con ver a tu hermano o hermana caer en una situación difícil, dejándolo solo cuando puedes rescatarlo, apoyarlo o aliviar su sufrimiento. También es irrazonable vivir cómodamente mientras tu hermano, sabiéndolo tú, pasa hambre, y así sucesivamente, con todos los significados que una persona experimenta en sus tratos con su hermano. -Los casos excepcionales no invalidan esta regla, porque el fortalecimiento de una persona a través de su hermano es algo innato y no necesita prueba. -. Esto es lo que el Legislador –Allah- asumió cuando decretó que los creyentes son hermanos, en todo el sentido de la palabra. Es decir, que el vínculo de uno con otros es un verdadero vínculo de hermandad, fortalecido y reforzado por este vínculo de fe que los une. Por lo tanto, encontramos al Profeta ﷺ estableciendo y poniendo principios que aclaran la relación entre los musulmanes. Dice respecto a algunos de estos significados: “Un musulmán es hermano de otro musulmán, no le hace daño ni le abandona. ¡Por Aquel en cuya mano está mi alma! ninguno de vosotros cree verdaderamente hasta que ame para su hermano lo que ama para sí mismo.” (Narrado por Al-Bujari). Este hadiz tiene varias pruebas que respaldan y confirman la hermandad entre los musulmanes, y esta hermandad obliga a quien la posee a apoyar a su hermano contra sus enemigos y no abandonarlo o entregarlo a ellos. La frase “no entregarlo” no se limita al significado literal de entregar al hermano a su enemigo; más bien, tiene un alcance y significado más amplio, que abarca no abandonar a tu hermano de fe cuando el pasa por momentos de desesperación, significa no entregarlo a la destrucción, no abandonarlo en situaciones de vergüenza, desgracia, ni cuando está en las profundidade3s de la corrupción. Por supuesto, que también implica que no debe entregarlo a su enemigo, aunque tenga capacidad de hacerlo. Estos son algunos de los significados del apoyo mutuo entre musulmanes. Asimismo, un musulmán no debe perjudicar a su hermano musulmán o ser injusto con él. Y, en efecto, la injusticia entre verdaderos hermanos es muy rara. Si se produce una injusticia entre musulmanes, o si uno perjudica a otro, su impacto es extremadamente doloroso, pues proviene de alguien de quien menos se espera tal acto. Es como si lo cometiera la propia persona contra ella misma, convirtiéndose a la vez en opresor y oprimido, víctima y verdugo, porque el efecto de esta injusticia se extiende tanto al propio individuo como a los demás. Se ha dicho: «La injusticia contra los parientes es más amarga para el alma que el golpe de una espada afilada». Que un musulmán se distancie de su hermano y lo abandone es una injusticia, al igual que es una injusticia fallarle cuando merece apoyo. Dejarlo a su suerte en la miseria -cuando podría aconsejarle y rescatarlo- es una injusticia. Negarle lo que le corresponde o menoscabar sus derechos es una injusticia, al igual que hablar mal de él y burlarse de él. Son injusticias que uno no desearía para sí mismo, pero que si las inflige a otros es una gran iniquidad.
Este razonamiento se puede definir de la siguiente manera: cualquier cosa que un musulmán no querría experimentar si le sucediera a otro musulmán -o no querría para él-, y que él mismo provoca que le suceda, se considera una injusticia.
Por eso encontramos que el Mensajero ﷺ concluye su declaración con esta regla o norma, y jura por ella. “Por Aquel en cuya mano está mi alma, ninguno de vosotros cree verdaderamente hasta que no quiera -de bien- para su hermano lo que quiere para sí mismo” (Acordado). Las palabras de este hadiz se han repetido en una versión que omite la frase «de bien». El Profeta ﷺ enfatiza que un creyente es para su hermano de fe como una edificación donde cada parte fortalece a la otra. Si la debilidad afecta a un lado de esta edificación y los demás no se apresuran a reparar la grieta, se derrumbará sobre todos ellos. El apoyo mutuo no se limita a salvar a una persona de su enemigo (que es lo natural), sino que también incluye ayudar a una persona a protegerse de hacerse daño a sí misma, como se menciona en el hadiz: «Apoya a tu hermano, sea opresor u oprimido». Dijeron: “¡Oh Mensajero de Allah!, sabemos cómo apoyarlo cuando es oprimido, pero ¿cómo lo apoyamos cuando es un opresor?” Él dijo: “quitándoles de la injusticia o impidiendo que la cometa; eso es apoyarlo”. (Al-Bujari). Este significado implica la intervención de otros para apoyar, ayudar y guiar a una persona sobre algo que quizás pueda para él resultarle dañino y perjudicial. Esto es desde una perspectiva individual. Desde una perspectiva colectiva, el ejemplo más destacado que nos dio el Mensajero de Allah ﷺ es la obligación de intervenir para prevenir el daño a nosotros mismos y a quienes nos lo desean, incluso sin intención. Este es el hadiz sobre el barco, en el que se dice: “El ejemplo de quien se mantiene firme en los límites establecidos por Allah y de quienes los transgreden es como el de las personas que echaron suertes para un barco. Algunos obtuvieron la cubierta superior y otros el nivel inferior. Los que estaban en la cubierta inferior, cuando necesitaban agua, tenían que pasar por los que estaban en la cubierta superior. Dijeron: «Si abriéramos un agujero en nuestra sección del barco, no molestaríamos a los que están arriba». Pero el Profeta advirtió: Si los dejaban hacer lo que querían, el barco se hundiría y todos perecerían. Pero si los de arriba los detenían, todos se salvarían”. (Narrado por Al-Bujari). De este hadiz y del anterior, se desprende claramente que la negligencia a la hora de reprimir al opresor, o a cualquiera que cause una destrucción segura, perjudica a todos. A todos les conviene actuar con rapidez para alejar el peligro. En primer lugar, de aquel que pretende causar daño, para que no se extienda a la persona misma, es decir, al propio perpetrador. En segundo lugar: para alejar y evitar la destrucción de todos. Este apoyo mutuo dentro de la comunidad es un requisito de la hermandad islámica, así como de los intereses comunes de todos, ya que las consecuencias de la inacción o la apatía sería un perjuicio para todos. Por lo tanto, abordar el problema desde el principio es uno de los deberes más imperativos para evitar que se agrave y resulte difícil para los sabios reparar las grietas posteriormente. Consideremos las palabras de Allah Todopoderoso: “Y guardaos de una prueba que no sólo afligirá a los que de vosotros sean injustos” Sura 8, Los botines de guerra, aleya 25.
Ciertamente el apoyo entre los musulmanes se extiende a ellos dondequiera que se encuentren, y toda persona capacitada es responsable de su inacción o negligencia cuando debía actuar, incluso si sus hogares están lejos. Esto se debe a que los musulmanes están unidos frente a todos los demás; son como un solo cuerpo en sus sentimientos, emociones, esperanzas, dolores, y en su rápida reacción ante lo que le sucede o afecta a uno de ellos, hombre o mujer. Si una mujer musulmana sufre algún daño en los confines de la tierra a manos de su enemigo, de tal manera que se requiere su rescate y liberación, pues entonces el deber recae sobre todos sus hermanos de creencia, debido al significado compartido de la hermandad, ya que los creyentes son aliados entre sí. Se ayudan mutuamente.
Esto se confirmó con el grito que resonó desde los confines de las tierras bizantinas, el grito de una joven musulmana cautiva a quien alguien intentó agredir. Ella gritó: «¡Oh, Mu’tasem!» –lamento histórico pronunciado por una mujer musulmana hachemita que fue capturada por los romanos y agredida en la ciudad de Zabatra-
Este grito no cayó en oídos sordos, sino que llegó a al-Mu’tasim Billah, quien respondió de inmediato: «¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!». Reunió un ejército tan numeroso que sacudió los cimientos del Imperio bizantino. Rescató a la joven, y le devolvió la libertad. Esta batalla se conoció como la Batalla de Amorium, inmortalizada por los poetas. Tuvo lugar en el año 223 de la Hégira, y el poeta Abu Tammam la inmortalizó en un poema que comienza: «La espada es más veraz que los libros; en su filo está la línea divisoria entre la seriedad y la broma». Este grito, esta respuesta, esta rápida ayuda son ejemplos del vínculo de fe que dio frutos de la mejor manera posible y engrandeció el prestigio del estado entre las naciones. De no haber sido por este vínculo de fe que unió a esta joven musulmana con al-Mu’tasim, ella no habría buscado su ayuda, ni él habría acudido a su rescate con tanta honorabilidad, demostrando la caballerosidad y hombría que debe caracterizar a quienes lideran a los musulmanes. Sin embargo, en nuestros tiempos, en muchas partes del mundo islámico, resuenan clamores similares, pero no encuentran el mismo nivel de nobleza que el de al-Mu’tasim. La ayuda mutua que los musulmanes se han brindado entre sí en numerosas ocasiones, con dinero y armas, como se documenta en nuestra historia islámica, revela el cumplimiento de uno de los objetivos de la hermandad en el Islam: apresurarse a tender una mano amiga a quienes han sufrido un ataque común. La historia nos habla de un clamor de auxilio que surgió en la Siria histórica cuando los tártaros atacaron en el año 702 de la Hégira. Entonces los sirios recurrieron a sus hermanos musulmanes en Egipto en busca de ayuda, y sus súplicas fueron atendidas. Los corazones respondieron, y se apresuraron a hacer frente a la agresión injusta. Y si no hubiera sido por esta hermandad que une entre los dos países, no se hubieran lanzado esos miles de hermanos de Egipto a salvar a sus hermanos en Siria, sabiendo perfectamente que se embarcaban en una guerra que podría costarles su dinero y sus vidas. Pero fue su fe y el vínculo de hermandad en el Islam lo que los impulsó a cooperar, a pesar del peligro inherente y la amenaza inminente que representaba para el propio Egipto. Este afán por apoyar a sus hermanos en la fe no se vio obstaculizado por ningún impedimento, ni dudaron en responder con prontitud; más bien, aceptaron la muerte con gusto para lograr este objetivo de hermandad en el Islam: apoyar a sus hermanos en la fe. Ejemplos de esto abundan en nuestra historia islámica, tanto antigua como moderna.
Nuestro propósito al citar estos ejemplos es enfatizar que el vínculo de la fe es lo que obliga a un musulmán, independientemente de su nacionalidad o raza, a apresurarse a tender una mano amiga a su hermano, buscando la complacencia de Allah y cumpliendo Sus mandamientos y directrices de que los creyentes son aliados entre sí, y que Allah ayuda a Su siervo mientras el siervo ayude a su hermano. Ahora bien, puede surgir una pregunta, que se formula con frecuencia: ¿Cuál es el motivo detrás de la falta de respuesta de muchos países islámicos para lograr la solidaridad, a pesar de la abundancia de razones para ello en nuestros tiempos? La respuesta es clara: se trata de la debilidad de la fe en algunas personas, el alejamiento de muchos musulmanes de la ley divina y la influencia de camarillas que filtran sus secretos a sus enemigos. Allah les ha advertido que no busquen consejeros entre ellos.
¡Oh Allah, muéstranos la verdad como verdad y concédenos seguirla, y muéstranos la falsedad como falsedad y concédenos evitarla! Que la paz y las bendiciones de Allah sean sobre nuestro maestro Mohammad, su familia y todos sus compañeros. Alabado sea Allah, Señor de los mundos.
