Un día normal en la vida del Profeta ﷺ (1)

  • Última modificación de la entrada:abril 24, 2026

El tema de esta jutba (sermón) -y, si Allah quiere, de las que la sigan- es sobre un día normal en la vida del Profeta ﷺ . En esta jutba veremos como nuestro Profeta Mohammad ﷺ dedicaba su día a atender sus necesidades humanas y cumplir su misión profética. Nuestra intención al elegir y abordar este tema es clara: intentar imitarlo ﷺ en la medida de lo posible. Así cumpliremos con las palabras del Todopoderoso: “Realmente en el Mensajero tenéis un hermoso ejemplo para quien tenga esperanza en Allah y en el Último Día, y recuerde mucho a Allah” Sura 33, Los coligados, aleya 21. Así pues, con la bendición de Allah, comencemos:

Que el comienzo sea con la primera luz del verdadero amanecer, cuando la luz atraviesa la oscuridad de la noche y la llamada a la oración de Bilal -Allah esté satisfecho de él- rompe el silencio de la ciudad. Esto sucede mientras el Mensajero de Allah – está dormido después de una larga noche de oración ante su Glorioso Señor. Cuando Bilal llama a la oración (“adhán”)  el Mensajero de Allah despierta, y lo primero que hace al despertar es tomar su “siwak” (palo para limpiar los dientes) y cepillarse los dientes con él. Luego dice: “Toda alabanza sea para Allah, quien nos da la vida (el despertar) después de habernos hecho morir (dormir), y a Él será el retorno (la Resurrección) Alhamdulillah al-ladi ahyána bAada ma amátana  wa ileihi al-noshúr-.

Luego responde al muecín con las mismas palabras que éste dijo… A continuación, se levanta , y si necesita realizar el “ghusl” (baño ritual), lo hace; de ​​lo contrario, realiza el “wudú” (ablución). O quizás , se levanta para orar -sin wudú-, y cuando se le pregunta al respecto, dice: “¡Mis ojos duermen, pero mi corazón no!”. Luego reza dos rak’as del Fajr (oración del amanecer) -una oración breve, tanto que uno podría preguntarse: “¿Recitó la Fatiha en ella?”. En la primera, después de Al-Fatiha, recita (Di: Oh incrédulos. –Qul: ia eiuha al-kafirún-) y en la segunda (Di: Él es Allah, el Único. –Qul: Hua Allahu ahad). A veces en la primera recita (Decid: Hemos creído en Allah y en lo que nos ha sido reveladoQulu: Amanna billah wa ma ánzala ileina) y en la segunda (Venid a una palabra que es común entre nosotros… –TAalu ila kalima sauá-.) Cuando termina su rezo, se acuesta sobre su lado derecho esperando que llegase el momento de la oración en la mezquita.

Cuando Bilal -Allah esté complacido con él- veía a la gente reunida, se acercaba al Profeta y le decía: “¡La oración, oh Mensajero de Allah!”. Entonces el Profeta salía a su encuentro. Al salir de su casa, alzaba la vista al cielo y decía: “En el nombre de Allah, en Allah confío, y no hay poder ni fuerza sino en Allah. Oh Allah, en Ti me refugio de extraviarme o ser extraviado, de tropezar o que me hagan tropezar, de hacer daño o ser agraviado, de actuar con ignorancia. o de ser tratado con ignorancia

Al entrar en la mezquita, decía: “En el nombre de Allah, y la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Allah. Oh Allah, perdona mis pecados y ábreme las puertas de Tu misericordia –Bismi Allah  wa alsalat wa al salam ´ala rasul Allah. Allahumma igfer li donubi wa iftah li abuáb rahmatek”. Cuando Bilal lo veía entrar, llamaba para el comienzo de la oración indicando que estaba a punto de comenzar (iqama al-salat). Y cuando sus compañeros lo veían, se ponían de pie para orar. Cuando se colocaba en su lugar de oración, les decía a sus compañeros: “Alineen sus filas y colóquense juntos, pues alinear las filas es parte de la perfección de la oración”. Luego pronunciaba el “takbir” inicial (Allahu akbar) y hacía una breve pausa, lo justo para decir: “¡Oh, Allah, aléjame de mis pecados como has alejado el este del oeste! –Allahumma ba´ed baini wa baina jatayai  kama ba´adta baina al-masreq wa al-magreb ¡Oh, Allah, purifícame de mis pecados como se purifica una prenda blanca de la suciedad! –Allahumma naqini min jatayai kama iunaqa al-zaub al-abiad min al-danas– ¡Oh, Allah, lava mis pecados con nieve, agua y granizo! –Allahumma ugasilni min jatayai bil zely wa al-má wa al-barad-”, o algo similar. Después recitaba Al-Fatiha en voz alta, con gran pausa, dividiéndola en versículos. Su recitación se caracterizaba por ser detallada, separando una aleya o versículo del otro; alargaba “Ar-Rahmán” y “Ar-Rahím”. En la oración del Fajr, alargaba la recitación, recitando entre sesenta y cien versículos. Si era viernes, recitaba en la primera rak´a “Alif Lam Mim Tanzil”

Y en la segunda el primer versículo de la sura del hombre: Acaso no hubo un tiempo para el hombre en el que no fue nada, ni siquiera un recuerdoHal ata ´ala al-insan hin min al-dahr lam iakon shei madkur”. A veces decía la súplica del “qunut” durante las calamidades invocando a su Señor Todopoderoso, pidiéndole que envíe alivio y victoria.

Cuando termina la oración, dice -aún sentado y mirando hacia la quibla-: “Pido perdón a Allah (tres veces). Oh, Allah, Tú eres la Paz, y de Ti viene la paz, Bendito seas, oh Tú que eres poseedor de Majestad y HonorAstagfiru Allah, astagfiru Allah, astagfiru Allah. Al-lahumma anta al-salaám wa minka al-salám. tabarakta ia da al-Yalál wa al-Ikrám” Luego se vuelve a su derecha -y quizás a su izquierda- y lo primero que sus compañeros le oyen decir cuando se vuelve hacia ellos es: “Señor mío, protégeme de Tu castigo el Día en que resucites a Tus siervosRabbi qini `adábaka iaum tabaaz ubbadaka-”. Entonces dice: “No hay más dios que Allahm solo Él, no tiene asociado. A Él pertenece el dominio y la alabanza, y tiene poder sobre todas las cosas. No hay poder ni fuerza sino en Allah. No hay más dios que Allah y no adoramos a nadie más que a Él. A Él pertenecen los dones y la virtud y para Él es la buena alabanza. No hay más dios que Allah, a quien sinceramente consagramos nuestra religión, aunque a los incrédulos no les guste. Oh Allah, no hay quien impida lo que das, ni nadie puede dar lo que Tú retienes, y ninguna riqueza puede beneficiar a nadie en contra tuya”. Luego exalta a Allah 33 veces (tasbih), lo alaba  (tahmid) 33 veces y lo glorifica (Takbir) 33 veces, y completa las cien diciendo: “No hay más dios que Allah, solo Él, no tiene asociado. A Él pertenece el dominio y la alabanza, y Él tiene poder sobre todas las cosas”.

Entonces recuerda a su Señor, el Altísimo, con las súplicas completas con las que comienza su día, que incluyen: “Hemos amanecido, y la soberanía pertenece a Allah y toda alabanza es para Allah. No hay más dios que Allah, único y sin asociado. A Él pertenece el dominio y a Él pertenece la alabanza, y tiene poder sobre todas las cosas. Señor mío, te pido el bien de este día y el bien del que le sigue, y me refugio en Ti del mal de este día y del mal del que le sigue. Señor mío, me refugio en Ti de la pereza y del mal de la vejez. Señor mío, me refugio en Ti del castigo del Fuego y del castigo de la tumba”. Y cuando llega la tarde, dice: “Hemos entrado en la tarde, y la soberanía pertenece a Allah”. Otras invocaciones: “Oh Allah, he entrado en la mañana. Doy testimonio ante Ti, y a los portadores de Tu Trono, Tus ángeles y toda Tu creación de que Tú eres Allah, y no hay más dios que Tú solo, sin asociado, y doy testimonio de que Mohammad es Tu siervo y Mensajero” -cuatro veces- y: “Oh Allah, te pido bienestar en este mundo y en el Más Allá. Oh Allah, te pido perdón y bienestar en mi religión, mi vida terrenal, mi familia y mis bienes. Oh Allah, oculta mis faltas y concédeme seguridad ante mis temores. Oh Allah, protégeme por delante y detrás, mi derecha y mi izquierda, y por arriba de mí, y busco refugio en Tu grandeza de ser apresado desde abajo de mí”. Y no descuidó esta suplica mañana y tarde.

Otra súplica era “Oh Allah, concédeme salud en mi cuerpo, Oh Allah, concédeme salud en mi oído. Oh, Allah, concédeme salud en mi vista. No hay más dios que Tú. Oh, Allah, me refugio en Ti de la incredulidad y la pobreza, y me refugio en Ti del tormento de la tumba. No hay más dios que Tú”. Repetía esto tres veces por la mañana y por la tarde. Durante ese tiempo, los siervos de la ciudad venían con vasos de agua en sus manos, buscando la bendición del Mensajero, que pusiese su mano bendita en sus recipientes ¡y no se traía ningún recipiente sin que él sumergiera su mano en él!

Dije: Lo que has oído, y pido perdón a Allah el Majestuoso por mí y por ti, así que pídele perdón a Él, Él te perdonará, porque Él es el Perdonador, el Misericordioso.

A continuación: Luego, los lados de las filas se acercaron, y sus compañeros -Allah esté complacido con ellos- se reunieron a su alrededor mientras él estaba sentado en su lugar de oración. Entonces podía comenzar dándoles un sermón -como en el hadiz de al-`Irbad ibn Sariya-, y no era su costumbre darles muchos sermones, sino hacerlo gradualmente sin cansarlos. También podía contarles algo -como hizo una vez- cuando dijo: “Mientras un hombre guiaba a su vaca, que llevaba una carga, ésta se volvió hacia él y le dijo: No fui creada para esto, fui creada para arar”. La gente exclamó asombrada: «¡Subhana Allah! ¿Una vaca habla?». El Profeta ﷺ dijo: “Soy el primero en creer en ello, junto con Abu Bakr y Umar”. Abu Bakr y Umar no estaban presentes en ese momento, pero él dio testimonio de la fe de ellos debido a su certeza sobre ellos.

También podía volverse hacia la gente y decir: ¿Hay entre vosotros algún enfermo al que podamos visitar? Y si respondieran que no, él diría: ¿Hay entre vosotros algún funeral al que podamos asistir? Y si respondieran: No, diría: “Quien de vosotros haya tenido un sueño o visión, que me lo cuente para que yo se lo interprete”. Así que le cuentan sus sueños y él se los interpreta. Y entre ellos está lo que Abdullah ben Salam -Allah esté complacido con él- contó: “Vi como si estuviera en un jardín en medio del cual había un pilar de hierro, su base estaba en el suelo y su cima en el cielo, y en su cima había un nudo. Entonces me dijeron: Sube. Contesté: No puedo. Entonces un sirviente vino a mí y levantó mi ropa de detrás de mí, así que trepé hasta que estuve en la cima, allí me agarré al lazo o nudo. Me dijeron: Sujétate. En ese momento me desperté y el lazo estaba en mi mano. El Profeta dijo: Ese jardín es el Islam, y ese pilar es el pilar del Islam, y ese lazo es el lazo más firme, ¡así que estarás en el Islam hasta que mueras!” Y tal vez les contó sobre un sueño o visión que tuvo, como en el hadiz de Samura -Allah esté complacido con él-: “El Mensajero de Allah -las oraciones y la paz de Allah sean con él y su familia- nos preguntó un día: ¿Alguno de vosotros ha tenido una visión? Dijimos: No. Él dijo: “Pero anoche vi a dos hombres que vinieron a mí, me tomaron de la mano y me llevaron a la Tierra Santa…”. Luego mencionó el largo hadiz de la visión, en el que se mencionan algunas de las condiciones de los atormentados y con qué son atormentados. ¡Y hay mención de algunas de las situaciones del Más Allá! Es digno de observar que las visiones que solían relatar los Compañeros al Profeta ﷺ rebosaban de la mayor preocupación que tenían: su religión y su Profeta, por ambas cosas vivían con esfuerzo y lucha en la vigilia, y con visiones y sueños cuando dormían. Y quizás sus Compañeros -Allah esté complacido con ellos- hablarían en su presencia en esta reunión y él se uniría a la conversación. Tal vez hablarían de sus vidas en la “yahilia” (época preislámica) y de las ignorancias en las que solían caer, cuyas faltas se les hicieron evidentes después de que Allah Todopoderoso los bendijese con el Islam. Entonces, al mencionarlo, se reirían de la ignorancia en la época preislámica Y el Mensajero de Allah , sonreiría, ¡y su risa era jovial!

El Profeta ﷺ permanecía en su lugar de descanso hasta que salía el sol bellamente, es decir, con la belleza de su aparición al elevarse y separarse del horizonte. Luego se dirigía a los aposentos de sus esposas. Al entrar en la casa, decía: “¡Oh, Allah!, te pido la mejor entrada y salida. En el nombre de Allah entramos, y en el nombre de Allah salimos, y en Allah, nuestro Señor, confiamos –Allahumma inni as´aluka jeir al-mauley wa jeir al-majray. Bismi Allah walayna wa bismi Allah jarayna, wa ´ala Allah rabbuna tawalkalna Lo primero que hacía al entrar en su casa era usar un “miswak” para refrescarse y limpiar la boca, y saludaba a su familia diciendo: “La paz sea con vosotros, y la misericordia y las bendiciones de Allah. ¿Cómo estáis, oh gente de la casa? – A-salam aleikum wa rahmatu Allah wa barakatahu. Keifa antum ia ahl al-beit?”. Entraba en la habitación de cada una, las saludaba e invocaba por ellas, sin prolongar su estancia. Incluso podía entrar en la habitación de alguna de ellas mientras ella estaba en oración, como hizo con Yuwayriyah -Allah esté complacido con ella- mientras ella recordaba a Allah, marchándose cuando ella aún estaba rezando. Podía preguntarles a ellas por la comida, diciendo: “¿Tenéis algo?”. Si había comida, se la traían, generalmente alimentos ligeros como dátiles y “hays” (un tipo de postre dulce, compuesto de dátiles, harina y manteca) o una bebida como leche o “nabidh” (bebida hecha de pasas o dátiles remojados en agua, consumida antes de que fermentada y se convirtiera en alcohol). Podía preguntarles, y en caso de que no hubiese nada, ellas respondían: “No tenemos nada“, y él decía entonces: “¡Estoy ayunando!”. Luego, tras completar la visita a sus esposas, regresaba a la mezquita. Al entrar, rezaba el saludo a la mezquita en un pilar o columna llamado el pilar de los emigrantes. Después se sentaba en la zona este de la mezquita, en la noble Rawdah, para recibir a sus compañeros. Este encuentro era costumbre entre ellos, de modo que cualquiera que quisiera ver al Profeta en ese momento acudía a él en la mezquita.

Nos detendremos aquí con la promesa de volver a esta bendita reunión y a lo que sucedía en ella. Que las oraciones, la paz y las bendiciones de Allah sean sobre nuestro maestro Mohammad, su familia, sus compañeros y sus seguidores hasta el Día del Juicio. Alabado sea Allah, Señor de los Mundos.

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