Jutbas en español Archives - Centro Cultural Andalusí de Málaga https://ccandalusi.org/category/jutba-espanol/ Centro Cultural Andalusí de Málaga Fri, 04 Sep 2026 08:34:17 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.1 https://ccandalusi.org/wp-content/uploads/2024/11/logo-transparente-150x150.png Jutbas en español Archives - Centro Cultural Andalusí de Málaga https://ccandalusi.org/category/jutba-espanol/ 32 32 ¿Cómo volver al trabajo con más fuerza después de las vacaciones? https://ccandalusi.org/como-volver-al-trabajo-con-mas-fuerza-despues-de-las-vacaciones/ https://ccandalusi.org/como-volver-al-trabajo-con-mas-fuerza-despues-de-las-vacaciones/#respond Fri, 04 Sep 2026 08:34:17 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11776 Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón, creemos en Él y nos encomendamos a Él. Nos refugiamos en Allah del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras. A quien Allah guía, nadie puede desviarlo, y a quien Él deja extraviarse, nadie podrá guiarlo. Atestiguo que no hay divinidad digna […]

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Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón, creemos en Él y nos encomendamos a Él. Nos refugiamos en Allah del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras. A quien Allah guía, nadie puede desviarlo, y a quien Él deja extraviarse, nadie podrá guiarlo.

Atestiguo que no hay divinidad digna de adoración salvo Allah, Único y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero. Que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, con su familia, sus compañeros y con quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Hermanos y hermanas:

Todo tiene un final, y las vacaciones de verano también llegan a su término. Muchos vuelven ahora al trabajo, a los estudios, a sus responsabilidades profesionales y a su rutina habitual.

Sin embargo, las vacaciones pueden dejar también cierto cansancio, pereza o dificultad para recuperar el ritmo, especialmente cuando han sido largas o cuando hemos vivido durante ellas sin horarios ni organización.

La persona se acostumbra rápidamente al descanso, al tiempo libre y a una vida con menos obligaciones. Por eso, cuando llega el momento de volver a la disciplina, al horario y a las responsabilidades, puede sentir pesadez y falta de motivación.

Por esta razón, al despedir las vacaciones de verano, debemos renovar nuestras fuerzas y regresar a nuestras responsabilidades con más determinación, energía, honestidad y sentido de responsabilidad.

Las vacaciones no fueron creadas para que volvamos más débiles, sino para descansar, recuperar energías y regresar en mejores condiciones.

La verdadera pregunta, por tanto, es:

¿A qué trabajo debemos volver?

No hablamos solamente del empleo mediante el cual obtenemos nuestro salario.

Hablamos de la misión que Allah ha confiado al ser humano en esta vida: una misión que une dos dimensiones inseparables.

La primera es nuestra relación con Allah.

La segunda es transformar nuestra fe en obras útiles, sirviendo a las personas y haciendo el bien en la sociedad.

Allah dice:

«Él os creó de la tierra y os hizo responsables de prosperarla.»

Y dice:

«Decid: Obrad, pues Allah verá vuestras obras, así como Su Mensajero y los creyentes.»

La fe verdadera no puede permanecer encerrada solamente en el corazón. Debe producir obras.

Tampoco basta una actividad intensa sin una orientación moral y espiritual que dé sentido a nuestras acciones.

El creyente une ambas cosas: una fe que orienta su vida y un trabajo que demuestra la sinceridad de esa fe.

Hermanos y hermanas:

Una de las características de la fe auténtica es comprender que nuestra vida tiene un propósito.

No basta conocer las enseñanzas del Islam como simples datos. Debemos comprender su valor, sentirlas en nuestro corazón y permitir que influyan realmente en nuestras decisiones.

Cuando una persona comprende que esta vida es temporal y que la vida definitiva está junto a Allah, comienza a observar el mundo de otra manera.

Allah dice:

«La vida de este mundo no es sino un disfrute engañoso.»

Esto no significa abandonar el mundo ni nuestras responsabilidades.

Al contrario.

Significa trabajar, construir, estudiar, producir y progresar, pero sin convertir lo temporal en nuestro objetivo definitivo.

Trabajamos en esta vida sabiendo que nuestra verdadera responsabilidad está ante Allah.

Por eso pedimos:

«¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado y concédenos Tu misericordia. Tú eres Quien concede abundantemente.»

Otra característica de la fe verdadera es amar aquello que Allah ama.

Cuando la fe entra profundamente en el corazón, el creyente comienza a amar la verdad, la justicia, la honestidad, el conocimiento y las buenas obras.

Allah dice:

«Allah os hizo amar la fe y la embelleció en vuestros corazones, e hizo que detestarais la incredulidad, la perversidad y la desobediencia. Esos son los bien guiados.»

El amor sincero por el Islam debe reflejarse en nuestras acciones.

¿Cómo puede alguien decir que ama la honestidad y después engañar en su trabajo?

¿Cómo puede afirmar que valora la responsabilidad y después descuidar aquello que se le ha confiado?

¿Cómo podemos hablar de excelencia mientras hacemos nuestro trabajo de cualquier manera?

La fe auténtica impulsa a actuar.

Hermanos y hermanas:

Y aquí encontramos una enseñanza especialmente importante al volver de las vacaciones.

Cada persona tiene un lugar y una responsabilidad.

El estudiante tiene su responsabilidad.

El profesor tiene la suya.

El trabajador, el empresario, el comerciante, el funcionario, el padre y la madre tienen también sus propias responsabilidades.

No todos hacemos el mismo trabajo, pero todos podemos convertir nuestro trabajo en una buena obra si lo realizamos con una intención correcta, honestidad y excelencia.

El estudiante debe regresar a sus estudios con seriedad. Su objetivo no debe ser solamente aprobar un examen o conseguir un título, sino superar la ignorancia, desarrollar sus capacidades y prepararse para ser útil a sí mismo y a los demás.

El profesor y quien posee conocimiento tienen la responsabilidad de transmitirlo con sinceridad y dedicación.

Quien trabaja en una profesión, un oficio o una empresa debe realizar su tarea con honestidad y calidad.

Su salario debe corresponder a un trabajo realizado de manera responsable.

Y cuando trabaja con una intención correcta, obtiene mediante su esfuerzo un sustento lícito para sí mismo y para su familia, al mismo tiempo que presta un servicio útil a la sociedad.

El comerciante debe volver a su actividad con sinceridad, transparencia y confianza, evitando el engaño y respetando los derechos de sus clientes y de quienes trabajan con él.

Y lo mismo sucede en cualquier profesión.

Cada uno de nosotros ocupa un lugar desde el que puede contribuir al bien.

Hermanos y hermanas:

La excelencia en el trabajo forma parte de nuestra responsabilidad religiosa y moral.

No podemos separar nuestra fe de nuestra forma de trabajar.

La persona que reza, pero engaña en su empleo, tiene una contradicción que debe corregir.

La persona que habla de valores, pero no cumple sus compromisos, debe revisar su comportamiento.

Y quien ocupa una responsabilidad debe recordar que Allah conoce aquello que las personas ven y también aquello que no ven.

Por eso, volver al trabajo después de las vacaciones puede convertirse en una oportunidad.

Una oportunidad para corregir hábitos.

Para recuperar la disciplina.

Para organizar mejor nuestro tiempo.

Para cumplir nuestros compromisos.

Para abandonar la pereza y comenzar una nueva etapa con energía.

No debemos ver el final de las vacaciones únicamente como el regreso a una rutina pesada.

Podemos verlo como el comienzo de una etapa nueva en la que intentamos ser mejores que antes.

Más responsables.

Más organizados.

Más productivos.

Y, sobre todo, más conscientes de Allah en nuestras acciones.

Hermanos y hermanas:

Nuestro trabajo en esta vida tiene muchas formas, pero todos sus caminos deberían conducir a dos grandes objetivos:

adorar a Allah con excelencia y hacer el bien a Sus criaturas.

Por eso, quien haya descansado durante un tiempo debe volver a sus responsabilidades cuando termine ese descanso.

Pero debe volver con mayor fuerza, no con menor entusiasmo.

Con mayor claridad.

Con una intención renovada.

Con mayor responsabilidad.

Y con el propósito de convertir su trabajo diario en una parte de su adoración a Allah.

Cada uno debe preguntarse al comenzar esta nueva etapa:

¿Qué puedo mejorar este año?

¿Qué hábito negativo debo abandonar?

¿Cómo puedo ser más útil en mi trabajo?

¿Cómo puedo cumplir mejor aquello que Allah me ha confiado?

No importa si eres estudiante, profesor, trabajador, profesional, comerciante o responsable de otras personas.

Allí donde Allah te haya colocado, cumple tu responsabilidad con sinceridad y excelencia.

Que Allah nos haga personas que hablan con sinceridad, que trabajan con responsabilidad y que cumplen sus deberes con honestidad.

Que nos conceda fuerza después del descanso, determinación después de la pausa y bendición en nuestro tiempo, nuestros conocimientos y nuestro trabajo.

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El recuerdo del nacimiento del Profeta ﷺ https://ccandalusi.org/el-recuerdo-del-nacimiento-del-profeta-%ef%b7%ba/ https://ccandalusi.org/el-recuerdo-del-nacimiento-del-profeta-%ef%b7%ba/#respond Fri, 28 Aug 2026 11:25:00 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11767 Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón. Que la paz y las bendiciones sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia, sus compañeros y quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio. Hermanos y hermanas: Entre los acontecimientos más queridos para los musulmanes se encuentra el recuerdo del nacimiento del […]

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Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón. Que la paz y las bendiciones sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia, sus compañeros y quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Hermanos y hermanas:

Entre los acontecimientos más queridos para los musulmanes se encuentra el recuerdo del nacimiento del último de los Mensajeros, nuestro Profeta Muhammad —la paz y las bendiciones de Allah sean con él—.

Al recordar este acontecimiento, recordamos también lo que el propio Profeta explicó acerca del lugar que Allah le había concedido antes incluso de su nacimiento. Dijo:

«Yo estaba escrito ante Allah como el último de los Profetas cuando Adán aún se encontraba en su arcilla. Os explicaré su significado: soy la súplica de mi padre Abraham, la buena noticia anunciada por Jesús y la visión que tuvo mi madre, cuando vio salir de ella una luz que iluminó los palacios de Siria.»

Este hadiz nos recuerda que la misión del Profeta Muhammad ﷺ formaba parte del decreto y de la sabiduría de Allah mucho antes de su nacimiento.

El Profeta mencionó tres señales.

La primera fue la súplica de Abraham, la paz sea con él, cuando levantaba junto a Ismael los cimientos de la Kaaba y dijo:

«¡Señor nuestro! Envíales un Mensajero de entre ellos que les recite Tus versículos, les enseñe el Libro y la sabiduría y los purifique.»

Allah respondió a esta súplica enviando a Muhammad ﷺ entre la gente de La Meca.

Allah dice:

«Él es Quien envió a los iletrados un Mensajero de entre ellos, que les recita Sus versículos, los purifica y les enseña el Libro y la sabiduría, aunque antes estaban en un evidente extravío.»

El Profeta era uno de ellos. Conocían su origen, su familia, su sinceridad y su honestidad. Antes de recibir la revelación nunca lo habían conocido como mentiroso. ¿Cómo podría entonces abandonar la mentira ante las personas para inventar una mentira contra Allah?

Además, siendo una persona que no había estudiado los libros anteriores, Allah reveló a través de él el Corán, un Libro que contiene guía, sabiduría, enseñanzas, relatos y orientación para la vida.

Allah dice:

«¿Acaso no les basta que te hayamos revelado el Libro que se les recita?»

El Corán fue por sí mismo uno de los mayores milagros del Profeta ﷺ.

Su misión consistió también en purificar los corazones del politeísmo, de los pecados y de las malas costumbres; y en enseñar no solamente a recitar las palabras del Libro, sino también a comprenderlas y vivir conforme a ellas.

Antes de su misión, gran parte de la humanidad se encontraba alejada de la guía: unos habían alterado enseñanzas anteriores y otros adoraban ídolos, astros, fuego u otras criaturas. Allah hizo de la llegada del Profeta Muhammad ﷺ una causa de guía para pueblos enteros.

Por ello, Allah dice:

«Ese es el favor de Allah, que concede a quien quiere. Allah es dueño del favor inmenso.»

Hermanos y hermanas:

La segunda señal mencionada por el Profeta fue la buena noticia anunciada por Jesús, la paz sea con él.

Jesús dijo a los hijos de Israel:

«Yo soy el Mensajero de Allah enviado a vosotros, confirmando la Torá que me precedió y anunciando la buena noticia de un Mensajero que vendrá después de mí, cuyo nombre será Ahmad.»

Las misiones de los Profetas no fueron mensajes enfrentados entre sí. Todos llamaron a adorar únicamente a Allah y cada uno confirmó la verdad esencial de los Mensajeros anteriores.

Muhammad ﷺ fue el último eslabón de esa larga cadena de profecía.

La tercera señal fue la visión de su madre, quien vio una luz que salía de ella e iluminaba los palacios de la región de Siria.

Esa luz simboliza la guía que Allah enviaría mediante este Profeta.

Allah dice:

«Os ha llegado de Allah una luz y un Libro claro. Con él, Allah guía por los caminos de la paz a quienes buscan Su complacencia, los saca de las tinieblas hacia la luz con Su permiso y los guía hacia un camino recto.»

La vida del Profeta fue precisamente un paso de las tinieblas hacia la luz: del politeísmo al monoteísmo, de la injusticia a la justicia, de la ignorancia al conocimiento y de la división a una comunidad unida por la fe.

Hermanos y hermanas:

Alrededor de los cuarenta años comenzaron a manifestarse algunos signos que precedieron a la revelación. Entre ellos estaban los sueños verdaderos y su inclinación hacia la soledad.

El Profeta se retiraba durante algunos períodos a la cueva de Hira para reflexionar y adorar a Allah.

Hasta que llegó el momento señalado.

En un lunes del mes de Ramadán recibió las primeras palabras de la revelación:

«Lee en el nombre de tu Señor, Quien creó.»

Después Allah le ordenó:

«¡Tú que estás cubierto! Levántate y advierte.»

Desde entonces comenzó una misión que duraría veintitrés años.

Pasó trece años en La Meca llamando a la adoración de Allah, educando a los creyentes, soportando las burlas, las persecuciones y el rechazo.

Después Allah abrió para él y sus seguidores un nuevo hogar en Medina, donde encontró una sociedad que acogió el mensaje y hombres y mujeres que lo apoyaron con fidelidad.

Allí continuó su misión hasta que Allah completó Su religión.

El Profeta ﷺ falleció después de transmitir el mensaje, cumplir la responsabilidad que le había sido encomendada y dejar a su comunidad un camino claro.

Y este es precisamente uno de los grandes significados que debemos extraer de su recuerdo.

Recordar al Profeta no consiste solamente en hablar de su nacimiento o conocer acontecimientos de su vida.

Recordarlo verdaderamente significa conocer su mensaje, amar su ejemplo y asumir la responsabilidad de continuar aquello por lo que dedicó toda su vida.

Nos dejó el Corán, su enseñanza y un modelo de fe, misericordia, justicia y buen carácter.

Por eso, cuando recordamos su nacimiento, debemos preguntarnos cuánto de su guía existe realmente en nuestras vidas.

¿Seguimos su sinceridad?

¿Su misericordia?

¿Su justicia?

¿Su paciencia?

¿Su preocupación por guiar a las personas hacia Allah?

Esta es la enseñanza que permanece después de cualquier recuerdo: convertir nuestro amor por el Mensajero de Allah ﷺ en fe sincera, buenas obras y compromiso con aquello que enseñó.

Que Allah derrame Sus bendiciones y Su paz sobre nuestro Profeta Muhammad, sobre su familia y sus compañeros, y que lo recompense en nuestro nombre con la mejor recompensa concedida a un Profeta por su comunidad.

Glorificado sea tu Señor, Señor del poder y la gloria, por encima de cuanto Le atribuyen. La paz sea con los Mensajeros. Y alabado sea Allah, Señor de los mundos.

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La buena conducta y su efecto en la difusión del Islam https://ccandalusi.org/la-buena-conducta-y-su-efecto-en-la-difusion-del-islam/ https://ccandalusi.org/la-buena-conducta-y-su-efecto-en-la-difusion-del-islam/#respond Fri, 21 Aug 2026 07:53:28 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11765 Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón, creemos en Él y nos encomendamos a Él. Nos refugiamos en Allah del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras. A quien Allah guía, nadie puede desviarlo. Atestiguo que no hay divinidad digna de adoración salvo Allah, Único y sin asociado, y […]

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Alabado sea Allah. Lo alabamos, buscamos Su ayuda y Su perdón, creemos en Él y nos encomendamos a Él. Nos refugiamos en Allah del mal de nuestras almas y de nuestras malas obras. A quien Allah guía, nadie puede desviarlo.

Atestiguo que no hay divinidad digna de adoración salvo Allah, Único y sin asociado, y atestiguo que Muhammad es Su siervo y Su Mensajero. Que la paz y las bendiciones de Allah sean con él, con su familia, sus compañeros y todos aquellos que sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Hermanos y hermanas:

Allah dice sobre Su Profeta Muhammad —la paz y las bendiciones sean con él—:

«Eres de una naturaleza y moral grandiosas.»
(Corán, 68:4)

El Islam concede una enorme importancia a la buena conducta, porque la fe no consiste solamente en palabras o actos de adoración. La verdadera fe debe reflejarse también en nuestro comportamiento, en nuestras palabras y en nuestra relación con los demás.

Allah dice:

«Al creyente que obre rectamente, sea varón o mujer, le concederé una vida buena y le multiplicaré la recompensa de sus buenas obras.»
(Corán, 16:97)

Por eso, la buena conducta ocupa un lugar muy importante en el Islam. El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— enseñó que las personas más cercanas a él en el Día del Juicio serán aquellas que tengan el mejor carácter.

La fe debe producir rectitud. Cuando un hombre preguntó al Profeta por una enseñanza que resumiera para él el Islam, le respondió:

«Di: Creo en Allah, y luego mantente firme.»
(Transmitido por Muslim)

Esto significa que debe existir armonía entre lo que creemos, lo que decimos y lo que hacemos.

Hermanos y hermanas:

Este principio adquiere una importancia especial cuando vivimos en una sociedad en la que muchas personas conocen poco sobre el Islam. Para ellas, nuestra conducta puede ser una de las primeras imágenes que reciban de nuestra religión.

Un musulmán que miente, engaña, incumple sus compromisos, trata mal a sus trabajadores o vecinos, ensucia los espacios públicos o no respeta los derechos de los demás no solamente se perjudica a sí mismo. También puede transmitir una imagen equivocada del Islam.

Por el contrario, un musulmán honesto, educado, responsable y respetuoso puede acercar los corazones al Islam sin pronunciar un discurso.

Nuestra conducta en el trabajo, en el comercio, con los vecinos, en la calle, en las administraciones y en los espacios públicos también forma parte de nuestro testimonio como musulmanes.

Quien emplea a una persona debe respetar sus derechos. No es correcto aprovecharse de su necesidad, obligarla a trabajar más de lo acordado sin respetar sus derechos o retrasar injustamente su salario. La injusticia sigue siendo injusticia, independientemente de la religión o del origen de quien la sufre.

El musulmán es portador de un mensaje. Muchas personas no leerán el Corán ni estudiarán libros sobre el Islam, pero observarán nuestro comportamiento. Por eso, cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿qué imagen del Islam transmiten mis actos?

La mejor explicación de este principio la encontramos en el propio Mensajero de Allah. Cuando preguntaron a Aisha —que Allah esté complacido con ella— acerca del carácter del Profeta, respondió:

«Su carácter era el Corán.»

Es decir, las enseñanzas del Corán podían verse en su comportamiento: en su misericordia, su justicia, su paciencia, su sinceridad y su manera de tratar a las personas.

Allah dice:

«Hay un bello ejemplo en el Mensajero de Allah para quienes tienen esperanza en Allah, anhelan ser recompensados en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Allah.»
(Corán, 33:21)

Hermanos y hermanas:

La buena conducta comienza también con nuestras palabras.

Allah dice:

«Di a Mis siervos que hablen de la mejor manera. El demonio siembra la discordia entre ellos. El demonio es para el ser humano un enemigo declarado.»
(Corán, 17:53)

Y dice:

«¡Oh, creyentes! Tengan temor de Allah y hablen solo con la verdad.»
(Corán, 33:70)

La palabra del creyente debe ser verdadera, respetuosa y constructiva. No debemos insultar, humillar ni provocar a los demás. Y cuando hablamos del Islam, debemos hacerlo con conocimiento, sabiduría y buen trato.

Allah dice:

«Convoca al sendero de tu Señor con sabiduría y bellas palabras. Argumenta de la mejor manera.»
(Corán, 16:125)

La invitación al Islam no puede separarse de la buena conducta. No tiene sentido llamar a las personas a la honestidad mientras nosotros mentimos, hablar de justicia mientras somos injustos, o enseñar misericordia mientras tratamos a los demás con dureza.

Allah advierte:

«¡Oh, creyentes! ¿Por qué dicen lo que no hacen? Es muy aborrecible para Allah que digan lo que no hacen.»
(Corán, 61:2-3)

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— nos enseñó también:

«Faciliten las cosas y no las dificulten; den buenas noticias y no hagan que la gente se aleje.»
(Transmitido por Al-Bujari y Muslim)

También enseñó que Allah ama la bondad y la gentileza, y que la gentileza embellece aquello en lo que se encuentra.

Esto no significa renunciar a nuestros principios, sino defenderlos con sabiduría, paciencia y buen carácter.

En una sociedad diversa como aquella en la que vivimos, debemos ser especialmente conscientes de nuestras responsabilidades. Cualquier acto de violencia, vandalismo, falta de respeto a la propiedad pública o privada, o comportamiento que ponga en peligro la seguridad de las personas contradice nuestros valores y perjudica a toda la comunidad.

Además, estos comportamientos pueden ser utilizados por quienes promueven el racismo, el odio o la hostilidad contra los musulmanes para generalizar injustamente los errores de unos pocos.

Por eso, respetar la seguridad, las leyes justas, los derechos de los vecinos y la propiedad pública y privada forma parte de nuestra responsabilidad religiosa y social.

Hermanos y hermanas:

El Islam que queremos mostrar a los demás debe poder verse en nuestra vida diaria: en la honestidad del comerciante, en la responsabilidad del trabajador, en el respeto al vecino, en la misericordia con el débil, en la justicia con quien es diferente y en la buena palabra incluso cuando existe desacuerdo.

Que nuestras acciones no contradigan nuestras palabras.

Que nuestra conducta sea una invitación al bien.

Y que quien trate con nosotros pueda conocer, a través de nuestra honestidad, nuestra justicia y nuestro buen carácter, algo de la belleza de este gran Islam.

Que Allah mejore nuestro carácter, rectifique nuestras acciones y nos haga buenos ejemplos allí donde vivamos.

Que la paz y las bendiciones de Allah sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

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El soborno y su peligro para la sociedad https://ccandalusi.org/el-soborno-y-su-peligro-para-la-sociedad/ https://ccandalusi.org/el-soborno-y-su-peligro-para-la-sociedad/#respond Fri, 14 Aug 2026 09:25:15 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11763 Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con Su Mensajero Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros. Hermanos y hermanas: Allah, Altísimo sea, dice: «¡Creyentes! No consumáis injustamente los bienes unos de otros, salvo que sea mediante un comercio realizado de mutuo acuerdo.» (Corán, 4:29) Una […]

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Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con Su Mensajero Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

Hermanos y hermanas:

Allah, Altísimo sea, dice:

«¡Creyentes! No consumáis injustamente los bienes unos de otros, salvo que sea mediante un comercio realizado de mutuo acuerdo.»
(Corán, 4:29)

Una de las grandes enfermedades que dañan a las sociedades es el soborno. Sus consecuencias pueden afectar a personas, familias, empresas, instituciones e incluso a países enteros. Cuando se extiende, desaparece la confianza, se pierden derechos y la justicia deja de aplicarse de manera correcta.

El Islam vino para sacar a las personas de las tinieblas hacia la luz y para establecer relaciones basadas en la justicia, la honestidad y el respeto a los derechos. El soborno destruye estos principios y abre la puerta a la injusticia y a la corrupción.

A veces se intenta cambiar su nombre para hacerlo parecer aceptable: se le llama «regalo», «gratificación», «favor» o «atención». Pero cambiar el nombre no cambia la realidad. Si una persona entrega dinero, un regalo o cualquier beneficio para conseguir injustamente algo que no le corresponde, para adelantar lo que debería esperar, para perjudicar el derecho de otra persona o para conseguir que alguien incumpla su responsabilidad, estamos ante una forma de soborno.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— fue muy claro al respecto:

«El Mensajero de Allah maldijo a quien ofrece el soborno y a quien lo acepta.»

Hermanos y hermanas:

Allah dice:

«No os apropiéis injustamente de los bienes unos de otros, ni sobornéis con ellos a quienes tienen autoridad para apoderaros injustamente de una parte de los bienes de la gente, sabiendo que es ilícito.»
(Corán, 2:188)

Esta aleya establece un principio fundamental: el dinero obtenido por un camino injusto continúa siendo ilícito, aunque aparentemente exista un documento, una autorización o una decisión que lo permita.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— explicó que las personas pueden presentar sus argumentos ante un juez y que alguna puede expresarse mejor que otra. Pero si alguien consigue mediante sus argumentos algo que en realidad pertenece a su hermano, el Profeta advirtió:

«Si concedo a alguien algo que pertenece a su hermano, en realidad le estoy concediendo una parte del Fuego; que la tome o que la deje.»
(Transmitido por Al-Bujari y Muslim)

Por tanto, engañar a una autoridad o utilizar dinero, influencias o relaciones personales para conseguir lo que no nos corresponde no convierte la injusticia en justicia ni lo ilícito en lícito.

Ahora bien, debemos distinguir entre quien paga para conseguir injustamente algo que no merece y quien se encuentra obligado a pagar para recuperar un derecho que le ha sido negado o para evitar una injusticia. Los sabios han diferenciado entre ambas situaciones: quien exige y recibe ese dinero injustamente comete el pecado, mientras que quien se ve obligado a pagarlo únicamente para recuperar su derecho no se encuentra en la misma situación.

Hermanos y hermanas:

Entre las causas que facilitan la corrupción están el retraso injustificado de los trámites, la falta de claridad en las normas, la debilidad de los controles y colocar a personas inadecuadas en puestos de responsabilidad.

Por eso, la lucha contra el soborno no depende solamente de las personas. También necesita instituciones transparentes, procedimientos claros, una buena supervisión y responsables que comprendan que sus cargos son una responsabilidad y no una oportunidad para obtener beneficios personales.

La justicia es uno de los grandes objetivos de las revelaciones divinas. Allah dice:

«Enviamos a Nuestros mensajeros con pruebas claras e hicimos descender con ellos el Libro y la balanza, para que las personas establezcan la justicia.»
(Corán, 57:25)

Quien ocupa un cargo público o privado tiene, por tanto, una responsabilidad. Su función no consiste en aprovecharse de las necesidades de la gente, sino en cumplir su trabajo con honestidad, justicia y responsabilidad.

Pensemos, por ejemplo, en una institución que anuncia un puesto de trabajo. Varias personas cualificadas presentan sus solicitudes. Si un responsable favorece injustamente a uno de los candidatos por ser familiar suyo, porque ha recibido dinero de él o porque espera algún beneficio personal, está perjudicando a quienes tenían derecho a competir en igualdad de condiciones.

Lo mismo ocurre con el empleado que recibe dinero o regalos para ignorar una irregularidad, aprobar un trabajo defectuoso, acelerar injustamente un trámite, evitar una sanción o conceder a alguien un beneficio que no merece.

Todo ello forma parte del soborno y de la corrupción.

Y sus consecuencias no terminan en quien paga y quien recibe. Cuando el soborno se extiende, los competentes quedan atrás y avanzan quienes tienen dinero, contactos o influencias. Se pierden derechos, disminuye la calidad de los servicios y las personas dejan de confiar unas en otras y en sus instituciones.

El soborno convierte la justicia en mercancía.

El que paga para obtener lo que no merece participa en la injusticia, y quien acepta ese pago traiciona la responsabilidad que se ha puesto en sus manos.

Hermanos y hermanas:

El musulmán debe distinguirse por su honestidad, especialmente cuando tiene responsabilidad sobre los derechos, el dinero o los intereses de otras personas.

No debemos considerar ingenuo o atrasado al trabajador que se niega a aceptar un soborno. Al contrario: esa persona protege su dignidad, su religión, su conciencia y el bienestar de toda la sociedad.

El dinero ilícito puede parecer una ganancia rápida, pero carece de bendición. ¿De qué sirve ganar más dinero si para conseguirlo hemos perjudicado a una persona, traicionado una responsabilidad o vendido nuestra conciencia?

La verdadera dignidad consiste en regresar a casa sabiendo que nuestro sustento es lícito, que no hemos perjudicado a nadie y que el alimento que ofrecemos a nuestras familias procede de un trabajo honesto.

El Islam quiere formar personas sinceras, responsables y dignas de confianza. Personas que hagan el bien aunque nadie las observe, porque saben que Allah siempre las ve.

Allah dice:

«A quien obre rectamente, sea hombre o mujer, siendo creyente, le concederemos una vida buena y le recompensaremos conforme a lo mejor de sus obras.»
(Corán, 16:97)

Hermanos y hermanas:

Protejamos nuestros trabajos, nuestras instituciones, nuestras familias y nuestra sociedad de todo dinero obtenido injustamente.

No ofrezcamos sobornos para conseguir lo que no nos pertenece. No aceptemos dinero, regalos, favores o beneficios a cambio de traicionar una responsabilidad. Y no utilicemos nuestras relaciones, nuestros cargos o nuestra influencia para quitar a otros sus derechos.

Una sociedad en la que se protege la justicia, se respeta el derecho y se rechaza la corrupción es una sociedad en la que pueden crecer la confianza, la seguridad y la paz.

Que Allah nos conceda un sustento lícito y bendecido, nos haga personas honestas y justas, nos ayude a cumplir fielmente nuestras responsabilidades y nos proteja de todo dinero ilícito y de toda forma de corrupción.

Que la paz y las bendiciones de Allah sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

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Los derechos de los familiares y la virtud de mantener los lazos de parentesco https://ccandalusi.org/los-derechos-de-los-familiares-y-la-virtud-de-mantener-los-lazos-de-parentesco/ https://ccandalusi.org/los-derechos-de-los-familiares-y-la-virtud-de-mantener-los-lazos-de-parentesco/#respond Fri, 07 Aug 2026 09:40:41 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11744 Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Allah, con su familia, sus compañeros y con quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio. Hermanos y hermanas: En estos días aumentan los viajes y los desplazamientos. Algunas personas viajan para descansar; otras, para visitar […]

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Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Allah, con su familia, sus compañeros y con quienes sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Hermanos y hermanas:

En estos días aumentan los viajes y los desplazamientos. Algunas personas viajan para descansar; otras, para visitar a sus padres y familiares; y algunas intentan unir ambas cosas. El creyente debe aprovechar estas ocasiones para fortalecer sus relaciones familiares y obtener un beneficio para sí mismo y para su familia.

Algunas personas dejan de visitar a sus parientes por el coste del viaje. Sin embargo, el Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— nos explicó que mantener los lazos familiares trae bendición en el sustento y en la vida. Dijo:

«Quien desee que su sustento sea ampliado y que su vida sea prolongada, que mantenga sus lazos de parentesco.»
Transmitido por Al-Bujari.

Hermanos y hermanas:

Muchas personas se quejan de la frialdad en las relaciones familiares. Algunos dicen: «Visito a quien me visita, y no me preocupo por quien no pregunta por mí». Pero esta actitud contradice la enseñanza profética.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— dijo:

«Quien mantiene verdaderamente los lazos familiares no es quien simplemente corresponde al buen trato, sino quien los mantiene incluso cuando sus familiares los rompen.»

Mantener la relación con la familia requiere paciencia, comprensión y capacidad para pasar por alto algunos errores. Puede haber distancia, indiferencia o palabras que causan dolor. Pero no debemos permitir que una diferencia pequeña crezca hasta convertirse en una ruptura completa.

Los miembros sensatos de la familia deben trabajar para acercar los corazones, corregir los malentendidos y evitar que una discusión afecte a toda la familia. Algunas disputas terminan causando divorcios, daños económicos, separación entre hermanos e incluso desobediencia hacia los padres.

¡Cuántos padres llegan a suplicar a sus hijos que vuelvan a hablar con sus hermanos o que visiten a sus familiares! Quien rechaza estas peticiones por orgullo puede caer también en el grave pecado de desobedecer a sus padres.

Hermano musulmán, hermana musulmana:

Tu familiar forma parte de ti. Cuando le haces el bien, el beneficio vuelve también a ti. Y cuando le niegas tu ayuda, pudiendo ayudarle, te privas a ti mismo de una gran recompensa.

Allah ha dado una elevada posición a los padres y a los familiares. Dice en el Corán:

«Adorad solamente a Allah y tratad con bondad a los padres, a los familiares, a los huérfanos y a los necesitados; y hablad a la gente con buenas palabras.»

Los padres son los familiares más cercanos. Fueron la causa de nuestra existencia, cuidaron nuestro cuerpo, educaron nuestra mente y entregaron lo que tenían para protegernos y formarnos.

Allah nos ordena tratarlos con bondad incluso si no comparten nuestra religión:

«Si se esfuerzan para que asocies conmigo aquello de lo que no tienes conocimiento, no los obedezcas; pero acompáñalos en esta vida con bondad.»

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— también explicó la importancia de los lazos familiares:

«El parentesco está unido al Trono y dice: “Quien me mantenga, Allah lo mantendrá; y quien me corte, Allah lo cortará”.»
Transmitido por Al-Bujari y Muslim.

Mantener los lazos familiares es una de las mejores obras que el creyente puede realizar y guardar para el Día en que no servirán ni las riquezas ni los hijos, excepto a quien llegue ante Allah con un corazón sano.

Y existen muchas formas de hacerlo.

Si tus familiares necesitan ayuda y tú puedes dársela, ayúdales económicamente. Si no puedes, háblales con amabilidad, ofrece una disculpa sincera y no los hieras con palabras duras.

Si no tienen necesidad económica, puedes fortalecer la relación mediante un regalo, pues los regalos aumentan el afecto y acercan los corazones.

Ayuda también a sus hijos en su educación y formación dentro de tus posibilidades. Oriéntalos hacia el bien, la oración y una vida recta. Allah dice:

«¡Creyentes! Protegeos a vosotros mismos y a vuestras familias de un Fuego cuyo combustible serán las personas y las piedras.»

Visita a los familiares sanos, acompaña a los enfermos, pregunta por sus necesidades y alivia sus dificultades con tu tiempo, tu dinero o tu posición. Puedes recomendarles para algo bueno, siempre que sea con justicia y sin perjudicar los derechos de los demás.

Ayudar a un familiar no significa favorecerlo injustamente ni darle lo que no merece. El Islam ordena la justicia incluso cuando se trata de los padres y de los parientes:

«Sed firmes en la justicia y dad testimonio por Allah, aunque sea contra vosotros mismos, contra vuestros padres o contra vuestros familiares.»

Si Allah te concede riqueza, posición o influencia, no olvides a tu familia ni seas arrogante con ella. Recuerda al profeta José —la paz sea con él—, quien perdonó a sus hermanos a pesar del daño que le habían causado, y les dijo:

«Hoy no habrá reproche contra vosotros. Que Allah os perdone.»

Y recordemos a Abu Bakr, que Allah esté complacido con él. Cuando uno de sus familiares participó en la difusión de una acusación contra su hija Aisha, decidió dejar de ayudarlo. Pero cuando Allah reveló:

«Que quienes poseen virtud y riqueza no juren dejar de ayudar a sus familiares y a los necesitados. Que perdonen y pasen por alto. ¿Acaso no deseáis que Allah os perdone?»

Abu Bakr volvió a darle su ayuda.

Hermanos y hermanas:

No permitáis que el mal comportamiento de un familiar os lleve a cortar la relación con todos. Y no ayudéis a vuestros familiares en la injusticia, la mentira o el pecado.

Mantened los lazos de parentesco buscando la recompensa de Allah, no solamente una respuesta igual de los demás.

El Profeta —la paz y las bendiciones sean con él— dijo:

«Quien cree en Allah y en el Último Día, que honre a su invitado; quien cree en Allah y en el Último Día, que mantenga sus lazos familiares; y quien cree en Allah y en el Último Día, que diga algo bueno o que guarde silencio.»

Temed a Allah en el trato con vuestros padres y familiares. Visitadlos, preguntad por ellos, ayudadlos, perdonad sus errores y buscad siempre unir los corazones.

Que Allah nos haga de quienes escuchan las palabras y siguen lo mejor de ellas.

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Razones para la felicidad del musulmán https://ccandalusi.org/razones-para-la-felicidad-del-musulman/ https://ccandalusi.org/razones-para-la-felicidad-del-musulman/#respond Fri, 24 Jul 2026 09:43:10 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11746 Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con el sello de los profetas, nuestro Profeta Muhammad, con su familia, sus compañeros y con todos aquellos que sigan su camino hasta el Día del Juicio. Hermanos y hermanas: Allah, Altísimo sea, dice: «Quien obre rectamente, sea hombre o mujer, […]

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Alabado sea Allah, Señor de los mundos. Que la paz y las bendiciones sean con el sello de los profetas, nuestro Profeta Muhammad, con su familia, sus compañeros y con todos aquellos que sigan su camino hasta el Día del Juicio.

Hermanos y hermanas:

Allah, Altísimo sea, dice:

«Quien obre rectamente, sea hombre o mujer, siendo creyente, le concederemos una vida buena, y les recompensaremos conforme a lo mejor de sus obras.»
(Corán 16:97).

Esta es una promesa de Allah que nunca falla. La verdadera vida buena no depende únicamente de la riqueza o de la comodidad, sino de un corazón lleno de fe, de satisfacción con el decreto de Allah, de un sustento lícito y de una vida dedicada a las buenas obras.

Sin embargo, la felicidad completa y perfecta solo existirá en el Paraíso: una vida sin muerte, sin enfermedad, sin pobreza, sin tristeza y sin sufrimiento.

Allah dice:

«En verdad, los piadosos estarán entre jardines y manantiales. Entrad en ellos en paz y con seguridad. Eliminaremos el rencor que pueda haber en sus corazones; serán hermanos, sentados unos frente a otros sobre lechos de honor. Allí no sufrirán cansancio y jamás serán expulsados de él.»

Hermanos y hermanas,

No existe un ser humano que no busque la felicidad. Todos la desean: el creyente y el incrédulo, el rico y el pobre, el joven y el anciano.

La diferencia está en el camino que cada uno elige para alcanzarla.

El creyente sabe que la verdadera felicidad se encuentra en agradar a Allah, obedecer Sus mandatos y vivir cerca de Él.

En cambio, muchas personas creen que la felicidad consiste únicamente en el placer, el dinero, la fama o el poder. Piensan que cuanto más poseen, más felices serán. Pero la realidad demuestra lo contrario.

¿Cuántas personas tienen riqueza y, sin embargo, viven con ansiedad, miedo y tristeza?

¿Y cuántas otras poseen muy poco, pero disfrutan de una paz interior que el dinero no puede comprar?

Hermanos,

Uno de los mayores errores de nuestro tiempo es creer que el dinero produce la felicidad.

El dinero puede facilitar muchas cosas, pero no puede llenar un corazón vacío.

La tranquilidad nace primero en el alma y después se refleja en la vida.

Por eso encontramos personas con grandes fortunas que viven angustiadas, mientras otras, con pocos recursos, viven satisfechas y agradecidas.

Además, la riqueza es pasajera.

Hoy puede estar en tus manos y mañana desaparecer.

El Corán nos presenta numerosos ejemplos.

El hombre de los dos jardines creyó que su riqueza nunca desaparecería, pero Allah hizo que lo perdiera todo, y terminó lamentando aquello en lo que había confiado.

Qarún se sintió orgulloso de sus inmensas riquezas y dijo que las había conseguido gracias a su propio conocimiento. Entonces Allah hizo que la tierra se lo tragara a él y a todos sus tesoros.

También los dueños del jardín decidieron negar el derecho de los pobres y de los necesitados, y Allah destruyó sus cultivos antes de que pudieran recogerlos.

Todas estas historias nos enseñan una misma lección:

La riqueza puede desaparecer en un instante, pero la fe permanece.

Por eso, quien hace de la riqueza el fundamento de su felicidad vivirá siempre con miedo a perderla.

Pero quien hace de Allah el fundamento de su felicidad encontrará tranquilidad incluso cuando cambien las circunstancias de su vida.

Hermanos y hermanas,

¿Significa todo esto que el Islam nos pide abandonar este mundo, renunciar al dinero o alejarnos de todo lo que nos agrada?

La respuesta es no.

El Islam no prohíbe disfrutar de las bendiciones que Allah ha permitido. Al contrario, anima al creyente a trabajar, a buscar un sustento lícito y a utilizar sus bienes de forma equilibrada, sin derroche ni avaricia.

Allah, Altísimo sea, dice:

«¡Hijos de Adán! Vestíos con vuestras mejores prendas en cada oración. Comed y bebed, pero no cometáis excesos. En verdad, Allah no ama a los que se exceden.»

También dice:

«Di: ¿Quién ha prohibido los adornos que Allah ha creado para Sus siervos y las cosas buenas con las que los ha sustentado?»

Por tanto, no hay contradicción entre disfrutar de lo que Allah ha hecho lícito y buscar la verdadera felicidad.

No es necesario abandonar el dinero, el prestigio o una buena posición social. Todo ello puede ser una bendición cuando se obtiene por medios lícitos y se utiliza para obedecer a Allah y servir a los demás.

Pero si el corazón se apega a estas cosas y olvida a su Señor, entonces dejan de ser una bendición y se convierten en una prueba.

Hermanos,

La felicidad no nace del dinero, sino del corazón.

Un corazón lleno de fe encuentra tranquilidad tanto en la abundancia como en la dificultad.

Por eso encontramos personas sencillas que viven felices con muy poco, mientras otras, rodeadas de riquezas, viven con preocupación y miedo.

La verdadera riqueza es la riqueza del alma.

La verdadera felicidad es estar cerca de Allah.

Por eso dijo un poeta:

«No creo que la felicidad consista en acumular riqueza; el verdadero feliz es quien teme a Allah.»

Y Allah dice:

«Quien purifique su alma habrá triunfado, y quien la corrompa habrá fracasado.»

Hermanos y hermanas,

Cuando el corazón se aleja de Allah, ninguna riqueza puede darle paz.

Pero cuando el corazón conoce a su Señor, confía en Él y vive obedeciéndole, encuentra una felicidad que ninguna dificultad puede destruir.

Por eso dijo Allah:

«Quien se aparte de Mi recuerdo tendrá una vida angustiosa.»

La distancia de Allah es la causa de muchas tristezas, aunque la persona posea todo lo que el mundo puede ofrecer.

En cambio, acercarse a Allah con la oración, el recuerdo, la súplica, la paciencia y las buenas obras llena el corazón de luz, esperanza y serenidad.

La felicidad verdadera no se compra.

Se construye con la fe, la obediencia y la confianza en Allah.

Hermanos y hermanas,

La verdadera felicidad no depende de cuánto poseemos, sino de la relación que tenemos con nuestro Señor.

Quien encuentra a Allah, aunque tenga poco, posee un tesoro que nadie puede quitarle.

Y quien pierde la cercanía de Allah, aunque tenga el mundo entero, nunca encontrará una paz completa.

Por eso, acerquémonos a Allah con la oración, el recuerdo constante, la lectura del Corán, las buenas obras y el arrepentimiento sincero.

Decía Shayj al-Islam Ibn Taymiyyah, que Allah tenga misericordia de él:

«Quien desee la felicidad eterna, que permanezca siempre en la puerta de la servidumbre a Allah.»

Y también dijo:

«No existe nada en toda la creación que pueda dar al corazón tranquilidad y verdadera paz excepto Allah. Quien entregue su corazón a otro fuera de Él, aunque encuentre un placer pasajero, terminará sufriendo un daño mucho mayor.»

Hermanos,

No busquemos la felicidad donde Allah no la ha puesto.

No la busquemos solamente en el dinero, ni en la fama, ni en el poder.

Busquémosla en una fe sincera, en un corazón limpio, en una vida recta y en la cercanía de Allah.

Quien viva así será feliz en cualquier lugar: en la riqueza o en la pobreza, en la salud o en la enfermedad, entre mucha gente o en la soledad.

Pedimos a Allah que llene nuestros corazones de fe, de tranquilidad y de satisfacción.

¡Oh Allah!, guíanos por Tu camino recto y mantennos firmes en él hasta que nos encontremos Contigo estando complacido de nosotros.

¡Oh Allah!, purifica nuestros corazones, perdona nuestros pecados, concédenos una vida buena en este mundo y una felicidad eterna en la otra vida.

Que Allah conceda paz y bendiciones a nuestro Profeta Muhammad, a su familia, a sus compañeros y a todos aquellos que sigan su camino hasta el Día del Juicio.

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Invierte el tiempo de tus vacaciones en lo que te sea beneficioso https://ccandalusi.org/invierte-el-tiempo-de-tus-vacaciones-en-lo-que-te-sea-beneficioso/ https://ccandalusi.org/invierte-el-tiempo-de-tus-vacaciones-en-lo-que-te-sea-beneficioso/#respond Fri, 26 Jun 2026 07:52:02 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11718 Queridos hermanos: Estamos a las puertas de las vacaciones de verano, época en la que las escuelas, las universidades y muchas de las instituciones paran sus actividades habituales. y es necesario que nos detengamos un momento y nos preguntemos en qué debemos aprovechar este tiempo. Generalmente, cuando llegan las vacaciones nos encontramos con que el […]

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Queridos hermanos: Estamos a las puertas de las vacaciones de verano, época en la que las escuelas, las universidades y muchas de las instituciones paran sus actividades habituales. y es necesario que nos detengamos un momento y nos preguntemos en qué debemos aprovechar este tiempo. Generalmente, cuando llegan las vacaciones nos encontramos con que el ser humano se plantea deseos y se prepara para llevarlos a cabo. Hay quien se propone mejorar y elevar su nivel haciendo algo que no pudo realizar antes, pero la mayoría de las veces estas promesas no se cumplen. Otros buscan la felicidad y el placer por medio de viajes o excursiones en las que se llevan a cabo diversas actividades de ocio. Sin embargo, por lo general, el resultado de todo esto es pérdida de tiempo en vano, y la pérdida de tiempo en las vacaciones es perdida de una parte de tu vida. Y la vida es una oportunidad que Allah Altísimo ha concedido al ser humano para que la invierta en el crecimiento de uno mismo, en la autopurificación de nuestra alma, y en el desarrollo de las facultades que nos han sido concedidas, El Día de la Resurrección gritarán los que derrocharon sus vidas en algo que no sea eso: “¡Señor¡¡Sácanos y obraremos bien¡¡no como solíamos hacer¡ Y se les responderá: ¿Es que no os dimos una vida suficientemente larga para que se dejara amonestar quien quisiera? ¿Acaso no os llegaron advertidores? Sura 35, el Creador, aleya 37.
Sí, ciertamente, muchos de los problemas de conducta, problemas sociales y de otros tipos tienen como causa el tiempo libre que se derrocha -o que no se invierte en hacer cosas positivas- durante la época de las vacaciones o de fiestas. El Enviado de Allah ﷺ dijo: “Hay dos gracias de Allah que mucha gente desperdicia: La salud y el tiempo libre” Al-Bujari. Eso es debido a que el tiempo libre es un arma de doble filo. A veces, si la persona lo invierte bien en cosas beneficiosas para él, es una bendición, como dijo el Enviado de Allah ﷺ; de lo contrario, el tiempo libre produce un efecto funesto y es una desgracia. Cuando el ser humano no estaba desocupado, ocupaba su alma con la verdad y el bien, y su alma lo ocupaba a él con algo de parecido tenor. Hemos visto que Allah –alabado sea- instruye a su Profeta ﷺ , y a su comunidad después de él, para que inviertan bien el tiempo libre en algo que les acerquen a Él. Dice Allah: “Cuando estés libre (acabes tus quehaceres cotidianos) esfuérzate rindiendo culto (a Allah) y pide al Señor toda la ayuda que necesites” Sura 94, La abertura, aleyas 7 y 8. El secreto de esta indicación es que el ser humano fue creado para adorar a Allah en todo tiempo y momento. Dijo el Altísimo: “Así pues, ¡Glorificado sea Allah¡ cuando entráis en la tarde y cuando amanecéis. Suyas son las alabanzas en los cielos y en la tierra. Y (glorificado sea) al caer la tarde y cuando entráis en el mediodía” Sura 30, Los romanos, aleyas 17, 18.
Si el ser humano se ocupase exclusivamente de asuntos que no son esenciales para él, de asuntos terrenales, se alejaría del objetivo de su existencia, que es la adoración a su Señor. En un hadiz qudsí se dice: “Mi siervo no se acerca a Mí con nada mejor que el cumplimiento de lo que le he hecho obligatorio, y mi siervo continúa acercándose a Mí con oraciones supererogatorias hasta que Yo lo amo….” Al Bujari
Queridos hermanos, está bien que el hombre descanse tras un duro trabajo, y que respire tras la fatiga, pero, ¿sabe el musulmán cuándo y cómo debe descansar? El musulmán coge el descanso que le corresponde tras la fatiga del trabajo o el estudio, pero no debe olvidarse que este mundo no es una tierra de descanso. Dijo el Altísimo: “¡Hombre¡ Te diriges inevitablemente hacia tu Señor, llevando tus obras y habrás de encontrarte con Él” Sura 84, El Resquebrajamiento, aleya 6. En tanto que el ser humano procure encontrar a su Señor, le encontrará, e inexorablemente Allah le preguntará sobre su vida y cómo la gastó.
La persona juiciosa es la que utiliza el descanso en las vacaciones para realizar cosas relacionadas con su Señor que redundarán en su favor el día del descanso auténtico: el Día de la Resurrección. Dice Ibn al-Qayym- Allah tenga misericordia de él-:“El año es un árbol, los meses son sus divisiones, los días son sus ramas, las horas son sus hojas y los alientos son sus frutos. Y quien tenga su alma en obediencia, pues los frutos de su árbol serán buenos; y quien esté en desobediencia, pues su fruto será alhandal (fruto muy amargo y tóxico). Y ciertamente eso será lo que ha cosechado para el Día de la Cita. En ese momento se diferenciará con toda claridad la dulzura del fruto de su amargura”. Al imam Ahmad ben al-Hanbal -Allah tenga misericordia de él- se le preguntó:” ¿Hasta cuándo se cansa tu alma? Contestó: “El descanso de ella quiero”.
No es malo que el musulmán se divierta, sino todo lo contrario, como se puede deducir del hadiz narrado por Handala ibn al-Rabia: “¡Por Aquel en cuya mano está mi alma¡ si continuaras con lo que tienes conmigo, los ángeles te estrecharían la mano en los caminos, pero, hay un tiempo para esto y un tiempo para aquello.” Muslem. Por eso, cuando el Profeta ﷺ pasó al lado de los abisinios, y ellos jugaban con sus lanzas en la mezquita, dijo: “¡Dejadles¡ para que los judíos y los cristianos sepan que hay espacio (flexibilidad) en nuestra religión” Es decir, que el Islam tiene un espacio legitimo para el juego y la diversión. Y en la tradición islámica aparece: “Refresca los corazones hora tras hora, porque si los corazones se agotan se vuelven ciegos.“.
No hay duda de que los viajes, el trasladarnos de un sitio a otro para cambiar de ambiente, se encuentran entre los medios de distraimiento más beneficiosos, hasta el punto de que se dice: “No funcionan las almas si no se trasladan de vez en cuando”. Sin embargo, en el Islam el viaje, tanto si se hace con el objetivo de distraerse o divertirse, o con el objetivo de contemplar o tomar en consideración algo, o de aprender y aumentar nuestro conocimiento, o pedir el sustento etc, etc., tiene normas que se deben tomar en consideración, entre ellas, que no se debe hacer un viaje a lugares de vicio y corrupción, a sitios donde es común la indecencia, la obscenidad, y se violan las cosas sagradas, excepto que uno quiera lanzar su alma a la perdición. Por otra parte, el musulmán, si su viaje fuera lejos de su patria islámica tiene doble responsabilidad, ya que es embajador y representante de su religión en ese país. En cambio, aquellos que viajan -e insisto en ello- buscando esos vicios y maldades de días negros o noches rojas, les debemos decir que deben temer a Allah, nuestro Señor y pedirle perdón. “Que tengan cuidado los que disienten de Su orden, no sea que les aflija una prueba o les aflija un castigo doloroso. (Sura 24, La luz, aleya 63)
El tiempo libre excedente de las vacaciones lo debemos dedicar a adquirir un conocimiento útil y ganar la recompensa abundante por medio del Libro de Allah Altísimo. Es preciso que el Corán forme parte importante en las tareas diarias del musulmán, y no sólo en el momento de las vacaciones, sino que debe ser siempre lo primero y lo principal. Hermano/a dedica una parte de tus vacaciones -aunque sea un poco- al Libro de Allah. Recítalo, memoriza lo que puedas de sus aleyas, intenta comprender lo que has memorizado, y luego compártelo con los demás. Dijo el Profeta ﷺ :“Los mejores entre vosotros son aquellos que aprenden el Corán y lo enseñan”. Al Bujari.
Hermano/a ten cuidado de no ser como aquellos que dedican gran parte de su tiempo a leer el periódico, una revista, o a resumir un libro o un cuento, ver una novela o un partido de fútbol, y no encuentran tiempo para el Libro de Allah, como si lo hubiesen abandonado. En el Libro de Allah Altísimo encontramos las siguientes quejas: “Dice el Enviado: ¡Señor¡ Mi gente se desentendió de esta Recitación ” Sura 25, El Criterio, aleya 30.
Entre las actividades que un musulmán no debe descuidar durante estas vacaciones está el mantenimiento de los lazos familiares, pues mantenerlos es importante en nuestra religión. El vínculo familiar en el Islam es un asunto de gran importancia que ¡es causa de longevidad y medio de abundante sustento! Dijo el Profeta ﷺ :“Quien quiera tener un sustento abundante y una larga vida, que mantenga sus lazos de parentesco” Al- Bujari.
Dijo: “Ciertamente Allah Altísimo creó la creación y cuando termino de hacerlo se levantó la matriz y dijo: Este es el lugar de quien busca refugio contigo del distanciamiento. Él dijo: Sí. Y dijo: ¿Acaso no te satisface que me vincule al que te conectó y corte al que te cortó? Ella contestó: Sí, Señor. Dijo: Pues eso es para ti” (acordado)
Hermano/a, aprovecha tus vacaciones, reúnete y disfruta las vacaciones con aquellos con los que tengas vínculos familiares: tu cónyuge, tu madre, tu padre, tu hermana, tu hermano, tus tías, tus tíos. Compórtate de la mejor manera posible con ellos, con los vecinos.
Pido a Allah, alabado sea, para ti y para mí Su ayuda.
Continuando con el tema, la responsabilidad de lo que hacen los niños en el tiempo libre de las vacaciones recae sobre sus padres, por eso aprovecho para deciros que la responsabilidad hacia vuestros hijos es doble y se compone, como vamos a ver, de construcción y desconstrucción. ¿Cuándo se alcanza la construcción perfecta, si lo que tú estabas construyendo otro lo destruye? La construcción se representa en enseñarles el conocimiento útil y provechoso que conduce a obras virtuosas y a una buena conducta moral. En cuanto a la desconstrucción o destrucción, tenemos que proteger a nuestros hijos de lo que divulgan los que no van por el camino recto y de los vicios que promueven esas personas en la sociedad. De todo esto sacamos la conclusión que debéis invertir vuestro tiempo de vacaciones con vuestros hijos en proporcionarles programas con los que puedan adquirir habilidades positivas, faciliten el crecimiento en ellos de virtudes y talentos, y fortalezcan su fe. Un programa que aglutine el asueto -viajando con ellos a sitios y lugares de vacaciones y entretenimiento- con la enseñanza de los conocimientos que no pudieron recibir en los tiempos de estudio. Entre estos conocimientos: memorizar lo que sea posible del Sagrado Corán y de los hadices del Profeta, la lectura de libros de la biografía del Profeta y libros de la historia del Islam, amén de buenos libros educativos. En caso contrario, nos ocurrirá igual que a aquel que sembró las semillas y no las regó, y el día de la cosecha sintió un gran remordimiento.
En cuanto a vosotros, muchachos, sois los pilares de la comunidad, protectores de su legado y constructores de su futuro. Con vuestras virtudes y rectitud la comunidad estará siempre en buen estado y se levantará. Vuestro deber en la época de las vacaciones es llenar el tiempo libre con lo provechoso, lo útil, tanto si se refiere a temas religiosos como a asuntos de esta vida, y no dejéis que vuestros malos compañeros ocupen este tiempo, lo que llevaría inexorablemente a un arrepentimiento posterior y a lamentos. Cuán cierto es el dicho: “La juventud, el ocio y la riqueza son una gran fuente de corrupción” (Abu al-`atahiyah)
Allah ha dispuesto para este tiempo canales a través de los cuales podéis sacar provecho, haciendo crecer vuestro conocimiento y fortaleciendo vuestra fe. Tenéis la posibilidad de integraros en centros de verano organizados y dirigidos por docentes virtuosos. El objetivo es ocupar el tiempo de los muchachos en algo que les divierta, pero al mismo tiempo les beneficie; y si eso no pudiese ser, pues, hermano, ocupa tu tiempo con cualquier trabajo que te de una remuneración que puedas gastar para cubrir tus necesidades y te proteja de las calamidades del tiempo libre.
Antes de acabar, quiero felicitar a los estudiantes que aprobaron y han pasado de curso. A los que no han tenido éxito y a los que son pesimistas acerca de su futuro, os digo que no desesperéis, ni paréis, incluso si os pareciese que el objetivo está lejos de conseguir o es imposible de realizar. En el Islam no hay lugar para la desesperación. “No desesperéis de la misericordia de Allah porque sólo el pueblo infiel desespera de la misericordia de Allah” Sura 12, Yusuf, aleya 87. También tenéis que saber que en todo caso la ley del trabajo y el esfuerzo dicta el fruto, y quien aparta de su vista el fruto de su trabajo tiene que saber que para cosechar los cultivos hay un tiempo que sólo Allah Altísimo conoce. Finalmente, tenemos que considerar las palabras de Allah Altisimo: “Di: Actuad, que Allah verá vuestras obras, así como su enviado y los creyentes. Se os devolverá al Conocedor de lo oculto y de lo patente, y ya os informará El de lo que hacíais.” Sura 9. El arrepentimiento. aleya 105. Y las palabras de su Profeta ﷺ “Si llegase la hora y uno de vosotros tiene una planta en la mano, que no se levante hasta que la plante. Que la plante porque tiene recompensa” Al-Bujari.
Allah es el Ayudador. ¡Gloria a tu Señor! el Señor del poder por encima de lo que Le atribuyen. La paz sea con los los mensajeros y la alabanza para Allah, Señor, de los mundos.

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No os dejeis engañar por la vida de este mundo https://ccandalusi.org/no-os-dejeis-enganar-por-la-vida-de-este-mundo/ https://ccandalusi.org/no-os-dejeis-enganar-por-la-vida-de-este-mundo/#respond Fri, 19 Jun 2026 07:46:13 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11709 Toda alabanza para Allah, Señor de los Mundos. Que la paz y las bendiciones sean sobre el más noble de los mensajeros, sobre su familia y compañeros, y sobre quienes los siguen con rectitud hasta el Día del Juicio. A continuación: Allah Todopoderoso dice: «¡Hombres! Es cierto  que la  promesa de Allah  es verdadera. ¡Que […]

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Toda alabanza para Allah, Señor de los Mundos. Que la paz y las bendiciones sean sobre el más noble de los mensajeros, sobre su familia y compañeros, y sobre quienes los siguen con rectitud hasta el Día del Juicio. A continuación: Allah Todopoderoso dice: «¡Hombres! Es cierto  que la  promesa de Allah  es verdadera. ¡Que la vida de acá no os engañe!¡Que el Engañador (el Demonio) no os engañe acerca de Allah!” Sura 35, el Creador, aleya 5.

Hermanos y hermanas, la humanidad fue traída a este mundo para cumplir un propósito claro y realizar una tarea específica dentro de un plazo determinado. Se nos han proporcionado todos los medios para lograr esta tarea y se nos han brindado las herramientas para beneficiarnos de ella. La Sharia (ley islámica) advierte contra sobrepasar los límites del propósito asignado y enfatiza la importancia de completarlo antes de que la hoja de prueba termine, pues la duración de la prueba está predeterminada por Allah. También advierte contra dejarse engañar por este mundo o aferrarse a él y confiar en los opresores entre sus habitantes. Allah Todopoderoso dice: “¡Hombres! Temed a vuestro Señor y temed el Día en que ningún padre podrá ayudar a su hijo, ni ningún hijo podrá ayudar a su padre. En verdad, la promesa de Allah es verdadera, que no os seduzca la vida mundana ni seáis engañados por el Seductor, apartándoos de Allah”. Sura 31, Luqman, aleya 33.

Es decir, temed a vuestro Señor, quien os creó, formó y os hizo en la mejor forma, y ​​quien ha puesto a vuestro servicio todo lo que hay en los cielos y en la tierra. Tomad precauciones contra Su severo castigo y temed un Día en que ningún padre podrá ayudar o beneficiará a su hijo, ni ningún hijo beneficiará a su padre, sino que cada alma estará cautiva del fruto de sus obras,  En ese Día ningún portador de cargas llevará la carga de otro, y el hombre sólo tendrá lo que se esforzó por conseguir. Recuerda las palabras de Allah  Todopoderoso: “El día en que el hombre huya de su hermano, de su madre y de su padre, de su esposa y de sus hijos, porque ese día cada uno tendrá una preocupación”. Sura 80, Frunció el ceño, aleyas 34-37.

Sabed que la promesa de Allah es verdadera, que la Hora se acerca sin duda, y que Allah resucitará a los que están en las tumbas. Así que no dejéis que este mundo os engañe con sus adornos, sus lujos y cargos, haciendo que os apeguéis a él y descuidéis el trabajo para la Otra Vida, pues la Otra Vida es mejor y más duradera. Y en el hadiz: “Este mundo es el hogar de los que no tienen hogar, y la riqueza de los que no tienen riqueza, y para él reúne a los que no tienen intelecto.” (Narrado por Ahmad en su Musnad o colección de hadices). Según Abu Musa al-Ash’ari -Allah esté complacido con él,- el Mensajero de Allah dijo: “Quien ama su vida mundana perjudica su Otra Vida, y quien ama su Otra Vida perjudica su vida mundana. Así que da preferencia a lo que permanece sobre lo que perece.” Por lo tanto, no os dejéis engañar por el engañador que os promete y os da falsas esperanzas de que el poder os protegerá, y que el dinero o el estatus os beneficiará y elevará  vuestra categoría y dignidad. Si el poder hubiera protegido a quien lo poseía, el faraón y quienes eran como él no habrían sufrido los tormentos y las cargas que les sobrevinieron., convirtiéndose en una lección para quienes quisieran aprender. Y si la riqueza beneficiara a su poseedor, habría beneficiado a Qarun -Coré en la tradición bíblica-, dueño de muchos tesoros y enormes despensas, pero Allah hizo que la tierra se abriera y se lo tragara, a él, a sus tesoros  y a sus seguidores sin dejar rastro de su riqueza. Allah lo convirtió en una lección para quienes vengan después de él. Entonces, Allah Todopoderoso dijo, explicando el estado de este mundo y su rápido final: “Sabed que la vida de este mundo no es sino diversión, entretenimiento, adorno, jactancia mutua y competencia por acumular riquezas e hijos, Es como una lluvia que admira a los sembradores por las plantas que genera, pero que después se secan  y las ves amarillentas  hasta convertirse en deshecho. En la Ultima Vida habrá un duro castigo, y también perdón de Allah y beneplácito. La vida del mundo no es más que el disfrute del engaño”. Sura  57, el Hierro, aleya 20. La vida en este mundo es un préstamo que debe devolverse, como dijo el poeta: “La riqueza y la familia no son sino depósitos * * Y un día los depósitos deben devolverse”. Dijo Allah Todopoderoso, dirigiéndose a Su noble Mensajero: “No concedimos la eternidad a ningún hombre anterior a ti.  Si tú has de morir ¿por qué  iban a ser ellos inmortales? Toda alma ha de probar la muerte. Os pondremos a prueba con lo bueno y lo malo y a Nosotros volveréis” Sura 21, Los Profetas, aleyas 34, 35.

Allah desdeñó el valor de esta vida terrenal y explicó que ella es fugaz, señalando que debe usarse como un medio para alcanzar la dicha eterna en el Más Allá, un puente para acceder a la morada del honor y una protección contra el castigo severo.

Dice el ulema Al-Tahir ibn Ashur -Allah tenga misericordia de él- en su comentario “Al-Tahrir wa Al-Tanwir” sobre el versículo 20 de la Sura El Hierro: Menciona aquí aspectos de los asuntos de la  vida que prevalecen entre las personas en las diferentes etapas fundamentales de desarrollo individual. El juego es la etapa de la infancia y la niñez; la diversión es la etapa de la adolescencia  y juventud; el adorno (en la apariencia) es la etapa de la juventud y el principio de la adultez; la competición buscando la excelencia es la etapa de la madurez; mientras que la jactancia de poseer pertenencias es la etapa de la vejez o ancianidad. También menciona aquí cinco cosas:

  1. El juego: Nombre que se le da a una acción o expresión destinada a hacer bromas y chistes para pasar el tiempo, aliviar la soledad, romper la tranquilidad o el silencio, para brindar alegría o placer al alma, o para provocar sentimientos similares en los seres queridos, o lo contrario en los odiados. El juego predomina en las acciones de los niños y los jóvenes, por lo que la etapa de la infancia es la etapa del juego, diferenciándose la gente en su afición por él según hayan sido sus primeras etapas de la vida y el grado de madurez y buen juicio que haya adquirido en las primeras etapas del desarrollo humano. El exceso de juego por parte de quienes no se encuentran en la etapa infantil indica falta de madurez.
  2. La diversión: Nombre que recibe una expresión o acción destinada a brindar placer al alma y distraerla del dolor resultante del cansancio físico, la tristeza o la aflicción. Se dice que la diversión la distrae de algo, es decir, que la mantiene ocupada con otra cosa. La diversión es común en la juventud, por lo que esta etapa se caracteriza por su protagonismo.

Y quienes buscan a menudo placer y disfrute se entregan a los placeres mundanos.

3.El ornato, la apariencia de lujo  Consiste en mejorar la apariencia personal o el entorno para hacerlo más atractivo visualmente. Desear lucir bien, es natural y esto se acentúa aún más en las mujeres. El adorno, el embellecerse es más común en la época juvenil, y cuando los hombres comienzan a sentir el desvanecimiento de su belleza juvenil, pero para las mujeres suele ser un deseo permanente, el deseo de mantenerse siempre bellas. Esa necesidad del adorno y el embellecimiento prevalece generalmente en las diferentes situaciones de la vida, en la casa y la ropa, siendo una necesidad muy subjetiva

  1. La jactancia: Es hablar de algo de lo que uno se enorgullece, hablar de las cualidades y atributos dignos de elogio que uno posee, ya sea con veracidad o falsedad. La gente se jacta de los atributos que son dignos de elogio en sus épocas, generaciones y costumbres. La mayor parte de la jactancia se da en la madurez, cuando los esfuerzos se dirigen a conseguir gloria, méritos o algo de lo que enorgullecerse ante la sociedad. La jactancia es común en la vida de las personas en este mundo, y de ella surgen la vanidad y la envidia.

5-Rivalidad por amasar riquezas e incrementar  el número de descendientes. La forma del verbo aquí indica una exageración de la acción, colocándola en la posición de alguien que supera a otros en la abundancia de algo. Dicha persona se esfuerza por poseer la mayor cantidad, como si mirara o compitiera con alguien más que tiene una mayor cantidad de algo deseable. En este caso, se refiere a la riqueza y los hijos, después el significado se extendió y pasó a describir el deseo de adquirir mucho superando a quienes ya lo han obtenido. La evidencia de esto lo encontramos en las palabras de Allah Todopoderoso en la sura 102 La jactancia de pertenencias “Vosotros que estáis entregado a la jactancia de pertenencias” (dejando a un lado vuestros deberes reales)

De esto se desprende claramente que cuando el mundo se mide según sus propios estándares y se pesa según sus propias balanzas, parece grande e inmenso, pero cuando se mide según los estándares de la verdad y se pesa según las balanzas de la justicia, parece insignificante, trivial e inútil.

Sí, hermanos y hermanas: este mundo no es más que juego y diversión, ornato, ostentación entre la gente y jactancia de riquezas e hijos. Esta es la realidad de la vida mundana. El Todopoderoso, Exaltado sea, nos da un ejemplo tangible de este mundo, describiendo vívidamente su realidad y expresándola al decir: “ Es como una lluvia que admira a los sembradores por las plantas que genera, pero que después se secan y la ves amarillentas hasta convertirse en deshecho Sura 57, El hierro, aleya 20. Este crecimiento que agrada a los campesinos o sembradores (aquí utiliza el término “kuffar” para referirse a ellos) es temporal, termina después de su período asignado y llega a su fin en poco tiempo, para luego convertirse en simples deshechos. Esta es la vida tal como el Todopoderoso, Exaltado sea, nos la ha mostrado. Dijo Ibn Abd Rabbih al-Andalusí, autor de “Al-`Iqd al-Farid”: “En verdad, este mundo no es más que la frescura de un matorral; cuando un lado reverdece, el otro se marchita. Es un hogar donde las esperanzas no son más que calamidades, y los placeres, desgracias. Así que no dejes que tus ojos derramen una lágrima por lo que se ha perdido, pues tú también te irás”.

Abu Firas al-Hamdani dijo: “Si vives, el hombre está destinado a morir, incluso si los días son largos y la vida se prolonga. Shawqi dijo: “Cada alfombra de la vida se doblará, incluso si el tiempo es largo y placentero. Hermano del mundo, veo tu mundo como una serpiente que cambia de piel a cada instante

Hermanos y hermanas: El Mensajero de la Misericordia para los mundos – la paz y las bendiciones de Allah sean con él- nos ha dado a nosotros, los creyentes, muchas directrices y nos ha mostrado el destino que tuvieron naciones anteriores, especialmente aquellas que competían por las cosas mundanas, derramaron sangre y ultrajaron el honor por ello. Se narra, según la autoridad de Amr ibn Awf al-Ansari -Allah esté complacido con él-, que el Mensajero de Allah envió a Abu Ubaidah ibn al-Yarrah a Baréin para recaudar el tributo de sus habitantes (jizya). Abu Ubaidah regresó con riquezas, y los Ansar se enteraron de su llegada. Acudieron a la oración del fajr con el Mensajero de Allah . Cuando terminó de orar y se disponía a marcharse, se le acercaron. El Mensajero de Allah sonrió al verlos y dijo: «Creo que habéis oído que Abu Ubaidah ha regresado con algo de Baréin». Respondieron: «Sí, oh Mensajero de Allah ». Dijo: «Alegraos y tened esperanza en lo que os agrada. Por Allah no temo la pobreza para vosotros, sino que os sobrevengan riquezas terrenales, como les sobrevinieron a quienes os precedieron, y que compitáis por ellas como ellos compitieron, y que os destruyan como los destruyeron a ellos». (Acordado). Cualquiera que reflexione sobre la historia de los musulmanes encontrará que la competencia por los bienes materiales ha existido en sus vidas desde hace mucho tiempo y continúa hasta nuestros días. La destrucción, el fracaso y la decadencia comenzaron hace siglos y persisten hasta la actualidad, llevando a la pérdida de muchos  países.

Dijo Abu Sa’id al-Judri -Allah esté complacido con él-: El Mensajero de Allah se sentó en el púlpito (minbar), y nosotros nos sentamos a su alrededor. Dijo: “Entre las cosas que temo para vosotros después de mi partida está el atractivo mundano y sus adornos que se os abrirán”. (Acordado). Y lo que nos advirtió y temía que cayéramos se ha cumplido. ¿Acaso hay alguien que reflexione? También dijo el Mensajero de Allah  : «El mundo es dulce y verde, y Allah Todopoderoso os ha hecho sus administradores, por lo que Él verá cómo os comportáis. Así que guardaos de este mundo y guardaos de las mujeres». (Narrado por Muslim).

Oh Allah, une nuestros corazones, reconcilia nuestras diferencias y guíanos por los caminos de la paz. Que la paz y las bendiciones de Allah sean sobre nuestro Profeta Mohammad, su familia y todos sus compañeros.

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Un día normal en la vida del Profeta Mohammad (ﷺ)(5) https://ccandalusi.org/un-dia-normal-en-la-vida-del-profeta-mohammad-%ef%b7%ba5/ https://ccandalusi.org/un-dia-normal-en-la-vida-del-profeta-mohammad-%ef%b7%ba5/#respond Fri, 12 Jun 2026 09:01:36 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11694 tener este aroma y conversar con los ángeles, con los que vosotros no conversáis» Cuando se acostaba decía: «¡Alabado sea Allah, que nos alimentó, nos dio de beber, nos sustentó y nos dio cobijo! ¡Cuántos hay que no tienen ni proveedor ni refugio! ¡Alabado sea Allah, que me concedió Su favor y me dio dones […]

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tener este aroma y conversar con los ángeles, con los que vosotros no conversáis»

Cuando se acostaba decía: «¡Alabado sea Allah, que nos alimentó, nos dio de beber, nos sustentó y nos dio cobijo! ¡Cuántos hay que no tienen ni proveedor ni refugio! ¡Alabado sea Allah, que me concedió Su favor y me dio dones abundantes! ¡Alabado sea Allah en toda circunstancia! ¡Oh Allah, Señor y Dueño de todas las cosas, a Ti te pertenece todo! ¡Me refugio en Ti del Fuego!». Luego juntaba las palmas de sus benditas manos, soplaba en ellas y recitaba: «Di: Él es Allah, el Único», «Di: Me refugio en el Señor del rayar del alba» y «Di: Me refugio en el Señor de la humanidad». Después pasaba las manos por la cabeza, el rostro y la parte delantera del cuerpo tres veces. Luego se acostaba sobre su lado derecho, colocaba la mano bajo la mejilla y decía: «¡Oh Allah, en Tu nombre vivo y en Tu nombre muero! ¡Oh Allah, protégeme de Tu castigo el Día en que resucites a Tus siervos!».

Tenía  otras  invocaciones y súplicas, pero no nos alargaremos en mencionarlas. Luego, hacía compañía a su esposa con una conversación durante un rato. Después, si había en él la necesidad del hombre con respecto a su esposa, satisfacía ese deseo conyugal especial. Pero tal vez le tocaba a su esposa el período menstrual y para que el placer conyugal no se interrumpiera para ella la abrazaba, acariciaba, Y le indicaba que usara  un “izar” o falda ligera para poder disfrutar con ella de lo que un esposo disfruta con su esposa, ¡excepto el coito!

Realizaba el baño ritual después de las relaciones antes de irse a dormir; y a veces realizaba la ablución y se dormía, posponiendo el baño ritual hasta que despertaba. A veces, él y su esposa se bañaban con el mismo recipiente, turnándose, y decía ella: «Déjame un poco, déjame un poco», y él decía: «Déjame un poco, déjame un poco». Y esto, sin duda, es una hermosa compañía y un juego inocente entre esposos. Cuando dormía y se sumía en un sueño profundo, resoplaba. Al darse la vuelta en la cama por la noche decía: No hay más dios que Allah, el Único, el Todopoderoso, Señor de los cielos y de la tierra y de lo que hay entre ellos, Aquel quien tiene la autoridad suprema, el Perdonador. Y parece que este era el período más largo que dormía. ¡Que la paz y las bendiciones sean con él!

Cuando llegaba la medianoche, el Profeta ﷺ se despertaba, tomaba su “siwak” y se frotaba la boca con él, luego iba a un odre de agua colgado, desataba su correa y vertía agua de él en una taza o vaso que tenía consigo. Luego realizaba la ablución de manera minuciosa, moderada y completa. A continuación, se ponía su vestimenta y se dirigía a su oración/oración de “Tahajjud”-oración voluntaria que se realiza en el último tercio de la noche-,  obedeciendo así el mandato de su Señor: “Invoca (al Señor) la mayor parte de la noche” Sura 73, El Arrebujado, aleya 2), y Sus palabras: “Y vela parte de la noche como un acto voluntario para ti”  Sura 17, El viaje nocturno, aleya 79. Él comenzaba con dos rak’as ligeras cuando dirigía a la gente en la oración, pero ¡era más larga cuando oraba solo! Y quien contemple su estado en su “Tahajjud”, encontrará que en su oración por la noche se concentran todos sus sentimientos, sensaciones y oraciones susurradas. ¡Como si estuviera mirando el trono de su Señor, el Altísimo, con claridad y conversando con Él en privado! Así, su alabanza a su Señor era la más elocuente, su glorificación la más grande y su súplica la más completa. ¡Y no es de extrañar! Porque él es quien ascendió hasta que los siete cielos se abrieron para él, y se elevó a un nivel donde podía oír el rasgueo de las plumas. Y fue veraz y justo cuando dijo: “Soy el más piadoso de vosotros y el que más sabe de Allah entre vosotros“. Luego continúa pasando su noche -entre la humilde recitación, la súplica y la glorificación de Allah- hasta que queda una sexta parte de la noche.

Pasa la noche apartándose de su lecho = cuando se vuelven pesados para los incrédulos los lechos (Es decir, en el momento en el que los politeístas y despreocupados están profundamente dormidos en sus camas)

Si terminaba su oración y quería realizar el “Witr” (oración sunna antes del primer rayo del alba o después del Isha) despertaba a su esposa para que la hiciera con él. Lo realizaba con tres rak’as, recitando en la primera la sura 87 (del Altísimo); en la segunda, la sura 109 (de los incrédulos); y en la tercera, la sura 112, (La adoración pura). A veces añadía las dos “Mu’awwidhatayn” (Suras 113 (El rayar del alba) y 114 (Los hombres). Al final de su Witr, decía: «¡Oh Allah!, me refugio con Tu complacencia de Tu ira, y con Tu perdón de Tu castigo, y me refugio en Ti de Ti. No tengo palabras para enumerar Tus alabanzas; Tú eres como te has alabado a Ti mismo». Concluía con: Subhana al-malek al-quddus (tres veces) (Gloria al Soberano, el Santísimo). Prolongaba la tercera rak’a y extendía en ella su voz.

Dije o que has oído, y pido perdón a Allah Todopoderoso, para mí y para vosotros.

Hacia el final de su vida como parte de su lealtad hacia aquellos que habían cumplido ya su compromiso y habían fallecido antes de presenciar la victoria de Allah y de que las multitudes se convirtiesen  a Su religión, solía salir por la noche al cementerio de al-Baqi’ para orar por ellos. Era como si, al acercarse su muerte, se despidiera de los muertos y los vivos antes de unirse a la compañía más elevada. Decia: «La paz sea contigo, oh morada de los creyentes. Lo que te fue prometido te ha llegado. Se te concede un respiro hasta mañana, y nosotros, si Allah quiere, nos uniremos a ti. Oh Allah, perdona a la gente de Baqi’ al-Garqad  (cementerio principal para la gente de Medina desde la época del Profeta Mohammad ﷺ) » . Cuando las horas de la noche llegaban a su fin, y solo quedaba aproximadamente el último sexto, el Profeta ﷺ se retiraba a su lecho para descansar su noble cuerpo después de un largo período de pie con invocaciones (dhikr), oración, súplica y preocupación por los vivos y los muertos, y para prepararse para recibir la oración del amanecer y el trabajo del día con energía y entusiasmo. Aisha -Allah esté complacido con ella- dijo: «Jamás encontré al Mensajero de Allah al amanecer (refiriéndose a la última parte de la noche, antes del amanecer) , sino dormido». Permanecía en ese sueño hasta que la luz del alba disipaba la oscuridad de la noche y la llamada a la oración de Bilal rompía el silencio de Medina. Entonces, él ﷺ despertaba y comenzaba un nuevo día, perfumado con el aliento de la profecía y la luz del mensaje divino.

Así es como él ﷺ pasaba su bendito día, atendiendo sus necesidades humanas y cumpliendo su deber divino de transmitir la religión de Allah a sus siervos, educando a los creyentes en ella y defendiéndola de aquellos que se oponen y le son hostiles; y a través de este continuo esfuerzo diario suyo ﷺ durante veintitrés años, se logró una gran victoria y un bien abundante y universal.

Esto es lo que se puede extraer o deducir del noble programa del “Un día en la vida del Profeta Mohammad ﷺ “, en cuanto a numerosos beneficios y enseñanzas. Por ahora, basta con mencionar dos de ellos. El primero es que los actos de adoración más profundos y que más tiempo consumían del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él y su familia) eran los actos secretos de culto que realizaba en su hogar durante el silencio de la noche, a los que se adhirió y perseveró hasta que le llegó la muerte. Él, que nunca cometió pecado ni incurrió en falta, hizo esto. Pero, qué podemos decir de nuestras vidas que casi nunca están libres de negligencia, defectos o transgresiones de los límites establecidos por Allah o de los derechos de sus siervos. Debemos imitarlo en lo máximo posible.  El segundo: el grado de equilibrio de este programa con la comprensión de los derechos privados y públicos, de modo que vemos en él, con nuestros propios ojos, la aplicación práctica de su legadoﷺ el día en que dijo: «En verdad, tu Señor tiene derecho sobre ti, y tú tienes derecho sobre ti (se refiere a cuidar tu salud, descansar y dormir o suficiente, nutrir el cuerpo….), y tu familia tiene derecho sobre ti (se refiere a brindar buena compañía, pasar el tiempo con la familia, satisfacer sus necesidades materiales y morales, etc. ), , así que da a quien tiene derecho lo que le corresponde».

Pedimos a Allah Todopoderoso que nos conceda el éxito al seguir al Profeta ﷺ imitándole en intenciones, palabras, acciones y situaciones. Amén. Amén. Gloria a tu Señor, el Señor del Poder, por encima de lo que describen, la paz sea sobre los mensajeros, y la alabanza para Allah, Señor de los mundos.

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El apoyo entre los musulmanes https://ccandalusi.org/el-apoyo-entre-los-musulmanes/ https://ccandalusi.org/el-apoyo-entre-los-musulmanes/#respond Fri, 05 Jun 2026 09:48:47 +0000 https://ccandalusi.org/?p=11681 Alabado sea Allah, Señor de los mundos, y que la paz y las bendiciones sean sobre el Mensajero de Allah, sobre su familia y todos sus compañeros. Dice Allah Todopoderoso: “Los creyentes son, en realidad, hermanos.” Sura 49, Los aposentos privados, aleya 10. En esta aleya o versículo se confirma lo que Allah ha ordenado, […]

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Alabado sea Allah, Señor de los mundos, y que la paz y las bendiciones sean sobre el Mensajero de Allah, sobre su familia y todos sus compañeros.

Dice Allah Todopoderoso: “Los creyentes son, en realidad, hermanos.Sura 49, Los aposentos privados, aleya 10. En esta aleya o versículo se confirma lo que Allah ha ordenado, y nos señala que el vínculo de la fe es más fuerte que el vínculo de parentesco y lazos de sangre. La hermandad entre los creyentes en el Islam es fuerte y firme. Dijo Allah Todopoderoso: “No encontrareis a nadie que creyendo en Allah y en el último Día sienta afecto por quien se opone a Allah y a Su mensajero, aunque se trate de sus padres, sus hijos, sus hermanos o los de su tribu. Ha escrito la creencia en sus corazones, les ha ayudado con un espíritu procedente de Él y les hará entrar en jardines por cuyos suelos corren los ríos donde serán inmortales.” Sura 58, La discusión, aleya 22.

Un creyente que se caracteriza por la fe no puede abandonar su deber para con sus hermanos de creencia, pues uno de los significados más simples de la hermandad indica que no puedes estar satisfecho con ver a tu hermano o hermana caer en una situación difícil, dejándolo solo cuando puedes rescatarlo, apoyarlo o aliviar su sufrimiento. También es irrazonable vivir cómodamente mientras tu hermano, sabiéndolo tú, pasa hambre, y así sucesivamente, con todos los significados que una persona experimenta en sus tratos con su hermano. -Los casos excepcionales no invalidan esta regla, porque el fortalecimiento de una persona a través de su hermano es algo innato y no necesita prueba. -. Esto es lo que el Legislador –Allah- asumió cuando decretó que los creyentes son hermanos, en todo el sentido de la palabra. Es decir, que el vínculo de uno con otros es un verdadero vínculo de hermandad, fortalecido y reforzado por este vínculo de fe que los une. Por lo tanto, encontramos al Profeta ﷺ estableciendo y poniendo principios que aclaran la relación entre los musulmanes. Dice respecto a algunos de estos significados: “Un musulmán es hermano de otro musulmán, no le hace daño ni le abandona. ¡Por Aquel en cuya mano está mi alma! ninguno de vosotros cree verdaderamente hasta que ame para su hermano lo que ama para sí mismo.” (Narrado por Al-Bujari). Este hadiz tiene varias pruebas que respaldan y confirman la hermandad entre los musulmanes, y esta hermandad obliga a quien la posee a apoyar a su hermano contra sus enemigos y no abandonarlo o entregarlo a ellos. La frase “no entregarlo” no se limita al significado literal de entregar al hermano a su enemigo; más bien, tiene un alcance y significado más amplio, que abarca no abandonar a tu hermano de fe cuando el pasa por momentos de desesperación, significa no entregarlo a la destrucción, no abandonarlo en situaciones de vergüenza, desgracia, ni cuando está en las profundidade3s de la corrupción. Por supuesto, que también implica que no debe entregarlo a su enemigo, aunque tenga capacidad de hacerlo. Estos son algunos de los significados del apoyo mutuo entre musulmanes. Asimismo, un musulmán no debe perjudicar a su hermano musulmán o ser injusto con él. Y, en efecto, la injusticia entre verdaderos hermanos es muy rara. Si se produce una injusticia entre musulmanes, o si uno perjudica a otro, su impacto es extremadamente doloroso, pues proviene de alguien de quien menos se espera tal acto. Es como si lo cometiera la propia persona contra ella misma, convirtiéndose a la vez en opresor y oprimido, víctima y verdugo, porque el efecto de esta injusticia se extiende tanto al propio individuo como a los demás. Se ha dicho: «La injusticia contra los parientes es más amarga para el alma que el golpe de una espada afilada». Que un musulmán se distancie de su hermano y lo abandone es una injusticia, al igual que es una injusticia fallarle cuando merece apoyo. Dejarlo a su suerte en la miseria -cuando podría aconsejarle y rescatarlo- es una injusticia. Negarle lo que le corresponde o menoscabar sus derechos es una injusticia, al igual que hablar mal de él y burlarse de él. Son injusticias que uno no desearía para sí mismo, pero que si las inflige a otros  es una gran iniquidad.

Este razonamiento se puede definir de la siguiente manera: cualquier cosa que un musulmán no querría experimentar si le sucediera a otro musulmán -o no querría para él-, y que él mismo provoca que le suceda, se considera una injusticia.

Por eso encontramos que el Mensajero ﷺ concluye su declaración con esta regla o norma, y jura por ella. “Por Aquel en cuya mano está mi alma, ninguno de vosotros cree verdaderamente hasta que no quiera -de bien- para su hermano lo que quiere para sí mismo” (Acordado). Las palabras de este hadiz se han repetido en una versión que omite la frase «de bien». El Profeta ﷺ enfatiza que un creyente es para su hermano de fe como una edificación donde cada parte fortalece a la otra. Si la debilidad afecta a un lado de esta edificación y los demás no se apresuran a reparar la grieta, se derrumbará sobre todos ellos. El apoyo mutuo no se limita a salvar a una persona de su enemigo (que es lo natural), sino que también incluye ayudar a una persona a protegerse de hacerse daño a sí misma, como se menciona en el hadiz: «Apoya a tu hermano, sea opresor u oprimido». Dijeron: “¡Oh Mensajero de Allah!, sabemos cómo apoyarlo cuando es oprimido, pero ¿cómo lo apoyamos cuando es un opresor?” Él dijo: “quitándoles de la injusticia o impidiendo que la cometa; eso es apoyarlo”. (Al-Bujari). Este significado implica la intervención de otros para apoyar, ayudar y guiar a una persona sobre algo que quizás pueda para él resultarle dañino y perjudicial. Esto es desde una perspectiva individual. Desde una perspectiva colectiva, el ejemplo más destacado que nos dio el Mensajero de Allah ﷺ es la obligación de intervenir para prevenir el daño a nosotros mismos y a quienes nos lo desean, incluso sin intención. Este es el hadiz sobre el barco, en el que se dice: “El ejemplo de quien se mantiene firme en los límites establecidos por Allah y de quienes los transgreden es como el de las personas que echaron suertes para un barco. Algunos obtuvieron la cubierta superior y otros el nivel inferior. Los que estaban en la cubierta inferior, cuando necesitaban agua, tenían que pasar por los que estaban en la cubierta superior. Dijeron: «Si abriéramos un agujero en nuestra sección del barco, no molestaríamos a los que están arriba». Pero el Profeta advirtió: Si los dejaban hacer lo que querían, el barco se hundiría y todos perecerían. Pero si los de arriba los detenían, todos se salvarían”. (Narrado por Al-Bujari). De este hadiz y del anterior, se desprende claramente que la negligencia a la hora de reprimir al opresor, o a cualquiera que cause una destrucción segura, perjudica a todos. A todos les conviene actuar con rapidez para alejar el peligro. En primer lugar, de aquel que pretende causar daño, para que no se extienda a la persona misma, es decir, al propio perpetrador. En segundo lugar: para alejar y evitar la destrucción de todos. Este apoyo mutuo dentro de la comunidad es un requisito de la hermandad islámica, así como de los intereses comunes de todos, ya que las consecuencias de la inacción o la apatía sería un perjuicio  para todos. Por lo tanto, abordar el problema desde el principio es uno de los deberes más imperativos para evitar que se agrave y resulte difícil para los sabios reparar las grietas posteriormente. Consideremos las palabras de Allah Todopoderoso: “Y guardaos de una prueba que no sólo afligirá a los que de vosotros sean injustos” Sura 8, Los botines de guerra, aleya 25.  

Ciertamente el apoyo entre los musulmanes se extiende a ellos dondequiera que se encuentren, y toda persona capacitada es responsable de su inacción o negligencia cuando debía actuar, incluso si sus hogares están lejos. Esto se debe a que los musulmanes están unidos frente a todos los demás; son como un solo cuerpo en sus sentimientos, emociones, esperanzas, dolores, y en su rápida reacción ante lo que le sucede o afecta a uno de ellos, hombre o mujer. Si una mujer musulmana sufre algún daño en los confines de la tierra a manos de su enemigo, de tal manera que se requiere su rescate y liberación, pues entonces el deber recae sobre todos sus hermanos de creencia, debido al significado compartido de la hermandad, ya que los creyentes son aliados entre sí. Se ayudan mutuamente.

Esto se confirmó con el grito que resonó desde los confines de las tierras bizantinas, el grito de una joven musulmana cautiva a quien alguien intentó agredir. Ella gritó: «¡Oh, Mu’tasem!» –lamento histórico pronunciado por una mujer musulmana hachemita que fue capturada por los romanos y agredida en la ciudad de Zabatra-

Este  grito no cayó en oídos sordos, sino que llegó a al-Mu’tasim Billah, quien respondió de inmediato: «¡Aquí estoy! ¡Aquí estoy!». Reunió un ejército tan numeroso que sacudió los cimientos del Imperio bizantino. Rescató a la joven, y le devolvió la libertad. Esta batalla se conoció como la Batalla de Amorium, inmortalizada por los poetas. Tuvo lugar en el año 223 de la Hégira, y el poeta Abu Tammam la inmortalizó en un poema que comienza: «La espada es más veraz que los libros; en su filo está la línea divisoria entre la seriedad y la broma». Este grito, esta respuesta, esta rápida ayuda son ejemplos del vínculo de fe que dio frutos de la mejor manera posible y engrandeció el prestigio del estado entre las naciones. De no haber sido por este vínculo de fe que unió a esta joven musulmana con al-Mu’tasim, ella no habría buscado su ayuda, ni él habría acudido a su rescate con tanta honorabilidad, demostrando la caballerosidad y hombría que debe caracterizar a quienes lideran a los musulmanes. Sin embargo, en nuestros tiempos, en muchas partes del mundo islámico, resuenan clamores similares, pero no encuentran el mismo nivel de nobleza que el de al-Mu’tasim. La ayuda mutua que los musulmanes se han brindado entre sí en numerosas ocasiones, con dinero y armas, como se documenta en nuestra historia islámica, revela el cumplimiento de uno de los objetivos de la hermandad en el Islam: apresurarse a tender una mano amiga a quienes han sufrido un ataque común. La historia nos habla de un clamor de auxilio que surgió en la Siria histórica cuando los tártaros atacaron en el año 702 de la Hégira. Entonces los sirios recurrieron a sus hermanos musulmanes en Egipto en busca de ayuda, y sus súplicas fueron atendidas. Los corazones respondieron, y se apresuraron a hacer frente a la agresión injusta. Y si no hubiera sido por esta hermandad que une entre los dos países, no se hubieran lanzado esos miles de hermanos de Egipto a salvar a sus hermanos en Siria, sabiendo perfectamente que se embarcaban en una guerra que podría costarles su dinero y sus vidas. Pero fue su fe y el vínculo de hermandad en el Islam lo que los impulsó a cooperar, a pesar del peligro inherente y la amenaza inminente que representaba para el propio Egipto. Este afán por apoyar a sus hermanos en la fe no se vio obstaculizado por ningún impedimento, ni dudaron en responder con prontitud; más bien, aceptaron la muerte con gusto para lograr este objetivo de hermandad en el Islam: apoyar a sus hermanos en la fe. Ejemplos de esto abundan en nuestra historia islámica, tanto antigua como moderna.

Nuestro propósito al citar estos ejemplos es enfatizar que el vínculo de la fe es lo que obliga a un musulmán, independientemente de su nacionalidad o raza, a apresurarse a tender una mano amiga a su hermano, buscando la complacencia de Allah y cumpliendo Sus mandamientos y directrices de que los creyentes son aliados entre sí, y que Allah ayuda a Su siervo mientras el siervo ayude a su hermano. Ahora bien, puede surgir una pregunta, que se formula con frecuencia: ¿Cuál es el motivo detrás de la falta de respuesta de muchos países islámicos para lograr la solidaridad, a pesar de la abundancia de razones para ello en nuestros tiempos? La respuesta es clara: se trata de la debilidad de la fe en algunas personas, el alejamiento de muchos musulmanes de la ley divina y la influencia de camarillas que filtran sus secretos a sus enemigos. Allah les ha advertido que no busquen consejeros entre ellos.

 ¡Oh Allah, muéstranos la verdad como verdad y concédenos seguirla, y muéstranos la falsedad como falsedad y concédenos evitarla! Que la paz y las bendiciones de Allah sean sobre nuestro maestro Mohammad, su familia y todos sus compañeros. Alabado sea Allah, Señor de los mundos.

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